Tipos de contexto

Se debe diferenciar, por lo menos, los siguientes tipos de contextos:

Primero: el contexto de situación. Este contexto incluye las personas, los objetos y los datos presentes en la situación comunicativa.

Segundo: el contexto cognoscitivo. Este contexto tiene, de un lado, un aspecto individual que se refiere a la experiencia común de determinados interlocutores y sus conocimientos comunes; del otro lado, existe un contexto cognoscitivo general; en este caso se trata de conocimientos socioculturales (p.ej., tradiciones discursivas) y conocimientos – en ciertos aspectos – universales (p.ej, la relación ‘causa efecto’, etc.).

Tercero: el contexto lingüístico de la e nunciación o contexto discursivo . Este se constituye por la expresión verbal antecedente y subsiguiente; para designar este tipo de contexto se utiliza también el muy logrado término de co-texto.

Cuarto: existen otros contextos comunicativos.

El contexto comunicativo paralingüístico abarca los fenómenos prosódicos o de entonación; El contexto comunicativo no-lingüístico implica la mímica, las miradas, los gestos, las posiciones corporales, etc.

Dicho sea de paso, estos tipos de contextos explican lo que se suele llamar presuposiciones intra y extradiscursivas, estructura informativa, información implícita, condiciones de éxito, actos de lenguaje indirectos y el funcionamiento de las llamadas reglas o máximas de conversación.

Ahora bien, es conocido que sólo el contexto lingüístico representa un carácter digital, es decir, sólo él funciona a base de unidades distintas, discernibles, identificables y por consiguiente, (en principio) inequívocas. Los demás contextos mencionados tienen carácter analógico, es decir, forman una unidad contextual global que, en cada caso particular, influye en la producción del discurso y contribuye a la intelección del sentido de la enunciación.

La determinación del aspecto analógico y del aspecto digital dentro de las diferentes formas de comunicación verbal no es sólo un tema fascinante, sino que es uno de los problemas fundamentales de toda teoría de la comunicación.

Tenemos que poner de relieve el hecho de que sólo en la inmediatez comunicativa se usan todos los contextos posibles. La distancia comunicativa excluye por completo los siguientes contextos: el situativo, el paralingüístico, el no-lingüístico y el contexto cognoscitivo individual.

Por eso, en la distancia comunicativa, es forzoso el suplir o compensar la carencia de estos contextos por medio de una elaboración sistemática del contexto lingüístico — ya que, en la perspectiva comunicativa, la información que no aparece en la expresión lingüística es inexistente.

En la distancia comunicativa el locutor tiene que recurrir, pues, a una verbalización y expresión lingüística más explícita y más detallada, mientras que en la inmediatez comunicativa tiene menos importancia una verbalización sofisticada y costosa, y hasta puede parecer muy rara a los interlocutores, ya que funcionan sin dificultades los otros tipos de contexto mencionados. De esta manera los contextos descritos contribuyen decisivamente a la regulación del discurso .

Otro aspecto fundamental de la verbalización, vinculado directamente con la contextualización y determinado también por una serie de condiciones comunicativas, es el grado de planificación y estructuración en los discursos. En la inmediatez comunicativa son sobre todo la privacidad e intimidad de los interlocutores, la participación emocional y la espontaneidad las que permiten un mínimo de esfuerzo formulatorio. En la distancia comunicativa encontramos, en cambio, un tipo de elaboración y formalización discursiva que presupone una planificación máxima.

Como consecuencia de los aspectos descritos, los discursos definidos por la inmediatez comunicativa presentan, regularmente, un carácter provisional que sigue conteniendo y reflejando el proceso de la producción discursiva. En lo inmediato, las estrategias de formulación conducen, por el uso abundante de los contextos, a una verbalización a veces muy reducida y económica. Encontramos una preferencia por procedimientos agregativos.

Pero al mismo tiempo, por la falta de planificación, por la espontaneidad y emocionalidad, se producen vacilaciones, saltos, redundancias y repeticiones, precisiones sucesivas, etc. De ningú n modo tales redundancias y repeticiones deben ser interpretadas como errores o faltas.

Tampoco el discurso en que aparecen debe calificarse como primitivo, pobre o deficiente: en la perspectiva de la pragmática, estas verbalizaciones extensas asumen funciones importantes porque, a veces, aportan aclaraciones entre los interlocutores que son indispensables para la comprensión del discurso.

Estas aclaraciones pueden expresar temores, dudas, criticas, acusas, sorpresas, intuiciones, evidencias, convicciones; insistencias, refuerzos, atenciones, aprecios, gustos, comodidades, etc. Para ilustrar este fenómeno, Antonio Narbona Jiménez se sirve de un fragmento de la novela El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, “una de las obras literarias que con mayor fidelidad ha logrado calcar un estilo coloquial” Reproduce una intervención de un protagonista, Sebastián, amigo de Miguel:

Para no simplificar demasiado las cosas, tenemos que insistir en el hecho de que en una conversación espontánea, en un relato, en una carta, y aun en una conferencia o en un artículo de fondo, los valores paramétricos que acabo de discutir pueden, en mayor o menor grado, modificarse.

Este punto es, por sus consecuencias teóricas, de suma importancia, puesto que tenemos que rechazar una interpretación determinista del discurso según la cual éste está determinado por completo por condiciones comunicativas de antemano establecidas: la verdad es que – sobre todo en la inmediatez comunicativa, en el discurso oral – son los interlocutores los que logran crearse en el proceso discursivo, en el marco de los parámetros esbozados, sus propias circunstancias comunicativas.

Esto quiere decir que por una modificación del grado de cooperación, de la dialoguicidad, de la espontaneidad, etc. y como resultado de la progresión del discurso el estilo de verbalización, el perfil concepcional de la comunicación puede modificase decisivamente.

En estos casos, la actitud de los interlocutores cambia y este cambio de la calificación paramétrica inicial es resultado de la misma actividad discursiva, es producto de las estrategias que hemos llamado regulaciones del discurso.

Dichas regulaciones se ponen de manifiesto en el caso de diálogos que acaban en monólogos, en el caso de una persona que, a lo largo de un discurso, parece mas simpática, en el de un interlocutor que pierde el interés por la comunicación, en el de un cambio de los respectivos estatus, en el caso de una identificación cada vez mayor con los valores de un interlocutor.

La pragmática es, en este sentido, absolutamente necesar ia para abrir el campo a la investigación y construcción de una lingüística de las operaciones, de las instrucciones, de las regulaciones y negociaciones esbozadas.

En conclusión, resulta claro que el discurso oral que funciona en la inmediatez comunicativa no es sólo – ni sobre todo – transmisión o intercambio de informaciones, sino, más bien, un proceso interactivo precario, constituyente de intersubjetividad y sociabilidad

Fuente: Apuntes Análisis del discurso visual de la U de Londres