Introducción al aparato reproductor femenino

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Desde que arribamos a este mundo, los humanos nos distinguimos por tener sexo masculino o sexo femenino. Se llaman así las características externas que tipifican a un hombre o a una mujer. Al neonato masculino lo distingue su pene y los testículos, mientras que a las niñas recién nacidas su vulva, que se nota por una abertura exterior.

Es gracias a la acción de ciertas hormonas endocrinas que producen cambios físicos en la mujer a medida que esta crece: metamorfosis que la convierte en mujer. Tal transformación es bien conocida pero muchísimas niñas y mujeres desconocen en algún grado su sistema reproductor, por lo que en este curso trataremos el tema con detalle.

Durante nuestros primeros años, los niños y las niñas no parecen sufrir cambios importantes, pero alrededor de los 10 años la transformación radical se encuentra a solo unos días. Lo anterior es muy cierto pues el gran crecimiento físico que tiene lugar durante la adolescencia es el evento más notorio de este periodo de transición, pero no el más importante.

Las alteraciones físicas que acompañan a la adolescencia son tan sólo la evidencia externa de procesos internos que producen en el cuerpo los mayores cambios que ha experimentado el individuo desde su nacimiento.

Tan dramática revolución fisiológica es bien definida por James M. Tanner en su libro “El Crecimiento” de la colección científica Time-Life” quien sentencia que el adulto no sólo es mayor y más fuerte que el niño es diferente.

¿Pero que ha ocurrido en realidad, para que suceda tal cambio? La ciencia ha descubierto que tales eventos son resultado directo de la acción de muchas hormonas que han secretado las glándulas endocrinas, bajo la dirección de una masa nerviosa situada arriba del tronco del cerebro, llamada el hipotálamo.

De esta forma varias glándulas que actuaron por espacio de l0 a 12 años de cierta manera, en la preadolescencia comienzan a cambiar, y tras 2 o 3 años cambian a la niña transformándola en una verdadera mujer con capacidad reproductiva.

En otras palabras, durante la niñez de la mujer la producción de hormonas sexuales es muy reducida, pero a medida que se acerca a la madurez sexual los ovarios inducen el desarrollo de las caderas y los pechos, el vello corporal se hace presente, los brazos y las piernas se engrosan y la voz se ahueca un poco.

Para la chica todos estos cambios la sorprenden y la incomodan, pero al paso del tiempo la llenan de orgullo pues disfruta de sus nuevas formas redondas y suaves. Para ella el mundo ha cambiado y ella es totalmente diferente.

Tan diferente es que su interior ha cambiado, pues su aparato reproductor ha madurado y ya es capaz de generar vida. La nueva mujer ya esta preparada morfológica y fisiológicamente para la reproducción, sin embargo, psicológicamente aún no esta preparada para tan enorme responsabilidad.

Pese a todo, las niñas y las adolescentes nunca deben olvidar que su aparato reproductor ya esta preparado para la vida sexual, pues los ovarios, el útero, las trompas de Falopio, la vagina y los otros órganos han madurado sexualmente.

Tan cierto es lo anterior, que la naturaleza nos ofrece uno de los datos más sorprendentes de la vida reproductiva de la mujer, pues cuando una niña nace, sus ovarios contienen ya todos los óvulos que habrá de liberar durante su periodo de vida en que es fecundable, calculándose que alcanza en ese momento a unos 100 mil, pero como normalmente solo un óvulo desciende al mes, nomás de 400 de óvulos cumplen esta función, mientras que los restantes serán metabolizados, especialmente en la época de la menopausia.

A partir de este momento, las niñas-mujeres deben conocer con detalle la estructura y la función de su sistema reproductor, y comenzar a estudiar todo lo referente a la vida Sexual.