F.A.Q.   Regístrese   Perfil     Conectarse 
Foros de Conocimientos
Guerra del Pacífico
Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8
 
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice de Foros de ConocimientosWeb -> Actualidad Social
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  

Autor

Mensaje

Invitado




MensajeDom Jul 06, 2008 3:57 pm

Responder citando


UNIVERSIDAD DE CHILE

El Poder del Símbolo en la Chilenización de Tarapacá. Violencia y nacionalismo entre 1907 y 1950.*

Sergio González Miranda**

Resumen

Este artícul* analiza la importancia de los símbolos patrióticos en la chilenización de Tarapacá, particularmente la simbología usada por las Ligas Patrióticas y la escuela fiscal en la pampa salitrera.

El autor explora los contenidos de violencia que esos símbolos contienen y sus consecuentes efectos discriminatorios, especialmente hacia los tarapaqueños de origen peruano. Esta simbología ha generado de parte tanto del Estado como de la propia sociedad civil chilena (Ej: obreros del salitre), represión, violencia y discriminación hacia grupos regionales específicos.

El autor pone particular atención a la simbología patriótica en el curriculum escolar, tanto dentro como fuera del aula, a modo de curriculum oculto, y analiza sus efectos en el cambio cultural de la población regional.

Abstract

This article analyses the importance of patriotic symbols in the chilenization of Tarapacá, particulary, the symbology used in the government-owned school and Ligas Patrióticas in the nitrate field.

The author explores the contents of violence that such symbols contain and the subsequent discriminatory effects, especially for the people of Peruvian origin; Since the symbology has been part of the state, as well as the chilean civil societys (ej: nitrate workers) repression, violence and discrimination towards specifics regional groups.

The author pays particular attention to patriotic, symbology in the schools curriculum both inside and outside the classroom in the form a hidden curriculum and analuses their effects on the cultural change of regional population.

El haber crecido viendo en el colegio bandas de guerra compuestas por jóvenes y niños, especialmente aquellas que pertenecían a las distintas ramas de las fuerzas armadas, como la banda “los Cóndores” de los aviáticos, la “Hernán Trizano” de carabineros, la “Carlos Condell” de los marinos, me dificultó, observar algún mensaje cuestionable en esos símbolos y actos patrióticos. Más aún cuando dichas bandas eran muy populares, especialmente la de “los Cóndores”, que era de guerra y cuyos escuadrones de jóvenes desfilaban con viejos fusiles. En la Hernán Trizano se desfilaba con “báculos”, semejantes a las lanzas tan famosas de los lanceros de comienzos de siglo. ¿Qué origen tienen en Tarapacá dichas manifestaciones para-militares?

El disciplinamiento del cuerpo y la simbología militar datan de muy antiguo (Foucault 1982) lo importante aquí es observar sus efectos en las relaciones sociales de la sociedad civil regional. Recordemos que Tarapacá quedó en posesión de Chile después de la guerra del Pacífico, cuya soberanía fue ratificada por el Tratado de Ancón de 1883, a pesar que desde la perspectiva peruana siguió siendo una “región cautiva” como Arica y Tacna (Palacios 1974).

Por esta situación post-bélica y por el hecho de ser región-frontera, el tema del nacionalismo en Tarapacá pasa a ser prioritario en las relaciones sociales intra e intergrupos regionales. Si observamos los censos de 1887 y de 1907, la complejidad étnica y de nacionalidades en Tarapacá es evidente. Los informes del Jefe Político, Patricio Lynch, dejan en claro en dominio de tres nacionalidades en la provincia: chilena, boliviana y peruana, en ese orden. Precisamente las nacionalidades en pugna durante la guerra (González 1990), por tanto, la pregunta es ¿cómo pudo afectar a esas relaciones interétnicas e internacionalidades -al interior de la región- el proceso compulsivo de chilenización en Tarapacá?.

Pero es necesario responder primero la pregunta: ¿Cuál es el origen de dicho proceso en Chile? Según la historiadora Verónica Valdivia:

“el predominio de las tendencias racionalistas y universalizantes generadas a partir del siglo XVIII, comenzó a ser cuestionado por el Romanticismo a mediados del siglo XIX. El reinado de la razón dio lugar al surgimiento de una corriente de pensamiento que, contrariamente, exaltó valores opuestos a ese racionalismo poniendo énfasis en la importancia de lo particular y reivindicó los “derechos de la fantasía” y del sentimiento. En términos políticos, esto se tradujo en una exaltación de la idea de nación, la cual pasó a representar la `singularidad de cada pueblo, respecto a sus tradiciones, celosa custodia de las particularidades de su carácter nacional’. La nación se volvió, así, un hecho espiritual simbolizando el `alma’ de los pueblos, la cual provenía tanto de factores naturales o materiales como de valores tradicionales y ancestrales. Las raíces de esa alma debían ser buscadas en el pasado, período en el que los hombres habían sido libres y felices, pero no sólo con un sentido de nostalgia sino con el deseo de recuperar esa gloria pretérita para el porvenir. La nación antes solamente `sentida, ahora será también querida’. Esa aspiración de futuro transformó a la idea de nación de sentimiento en voluntad, en el sentido que dejó de ser puro recuerdo para convertirse en norma para el porvenir. Voluntad en ‘ cada pueblo, es decir, conciencia de lo que se quiere.

Este movimiento, surgido en la Europa decimonónica, sobrepasó sus márgenes continentales apareciendo en otros lugares del mundo, en los cuales se volvió también fuerza creadora. En ese contexto, el nacionalismo, entendido como expresión espiritual y actitud voluntarista, y por tanto creacional, pasó a estructurar proyectos alternativos y críticos al orden vigente, que sentarían las bases para una nueva sociedad, recogiendo la “conciencia de los pueblos”.

En el caso de Chile, en particular, el nacionalismo fue durante el siglo XIX un mecanismo legitimador del ideario liberal-republicano sus tentado por la élite dirigente, sirviendo como elemento integrador de la sociedad. La creación de instituciones, de símbolos y de tareas nacionales contribuyó a asentar el sentido de nación y a desarrollar un espíritu de pertenencia” (Valdivia 1995: 5).

Esta larga cita de la autora que le sirvió para explicar la raíces de los movimientos nacionalistas en Chile (los cuales, a pesar de tener importantes momentos de auge, fueron política y socialmente marginales en la sociedad chilena), sirve también para explicaren parte el substrato nacionalista que existe en la sociedad chilena, y atraviesa a todos sus estratos sociales.

Efectivamente, la construcción social “de la patria” apeló más al pathos que al ethos, y dicha construcción social debió por lo mismo recurrir a sentimientos, emociones, motivaciones, voluntades y símbolos que posibilitaran una socialización del pueblo chileno a lo largo de todo su territorio.

Llama la atención lo temprana de esa toma de conciencia en el bajo pueblo de la necesidad de esa construcción social de “patria”. Un ejemplo de ello son precisamente los peones chilenos en las guaneras y salitreras de Tarapacá y Antofagasta (Pinto y Valdivia 1994).

¿Por qué la región salitrera tuvo una particular importancia dentro del fenómeno de chilenización del país?

Según Harold Blakemore, “fue la guerra del salitre la que también hizo madurar el sentido de nacionalismo que se venía gestando en Chile por largo tiempo, y la convicción de que Chile, con su distintivo sistema constitucional y político, era superior a todos sus vecinos en casi todas sus virtudes que constituyen la existencia y el reconocimiento del Estado. Más aún, la adquisición de la región salitrera dotó a Chile de un recurso natural del cual tuvo entonces un virtual monopolio mundial, que por cuarenta años aportó aproximadamente la mitad de los ingresos públicos...” “...el impacto dominante de este recurso, a la vez positivo y negativo, para la Historia futura de la República, fue tal, que Mamalakis (Markos) no vacila en señalar que el ‘boom del salitre fue casi tan significativo como el logro de la independencia’. Y pocos estarían en desacuerdo. Pues, no fue tan sólo el hecho, importante en sí, de que el gobierno pasara a depender en una manera tan extraordinaria de ese recurso: fue también la significación de que, durante casi la totalidad del ciclo salitrero, la industria del desierto fuese mayoritariamente controlada por factores de producción y comercialización extranjeros -propiedad de los yacimientos, tecnología y capital para su explotación, medios para transportarlo desde la fuente al mercado, creando así el clásico ejemplo de dominación extranjera de un sector exportador en un país latinoamericano” (Blakemore 1991: 15).

Sin embargo, como lo hemos demostrado en otra parte, entre 1890 y 1907 prevaleció entre chilenos, bolivianos y peruanos una solidaridad de clase que estuvo por sobre las contingencias y diferencias de origen étnico o nacional (González 1990b). Durante ese período fue notoria la ausencia del Estado chileno, entendido como aparato fiscal e ideológico y, por lo’ mismo, el predominio de patrones salitreros de origen europeo. Posiblemente el acto más simbólico de unidad de clase de un movimiento obrero internacionalista fue la negativa de los obreros peruanos y bolivianos -a sus respectivos cónsules- de abandonar la escuela Santa María de Iquique, momentos previos a la matanza del 21 de diciembre de 1907 (Déves 1988).

Quizás fue el último símbolo internacionalista a nivel del pueblo, puesto que después de 1907 al intervenir del Estado chileno en forma sistemática en busca de la soberanía no consolidada en Tarapacá entre 1880 y 1907, desplegará el nacionalismo sus banderas y símbolos patrios para disciplinar a todo el cuerpo social, y homogeneizar culturalmente según las virtudes y defectos del carácter del chileno.

Sobre el por qué Chile “abandona” su política nacionalista en Tarapacá y Antofagasta después de la revolución del 1891, existe una importante controversia, por un lado Ramírez Necochea (1959) y otros, señalan que con la revolución de 1891 Chile habría abandonado una política nacionalista respecto del norte salitrero, observación que apunta fundamentalmente a lo económico pero que no excluye lo político. La tesis contraria sustentada por Harold Blakemore, plantea que dicho abandono no es tal, pues el gobierno de Chile en los hechos nunca pretendió una política nacionalizadora de la región salitrera, dando por prueba una revisión de los datos de Billinghurst (1989) sobre la propiedad salitrera y el desarrollo económico logrado por Chile en el período. Sin embargo, es necesario aclarar que esta tesis sólo se plantea en el plano económico y no el político o ideológico. Olvida especialmente la propuesta modernizadora o civilizadora de Balmaceda (Jocelyn-Holt 1993), de tipo sarmientino (Ossandón 1992) que efectivamente se trató de implementar en un Tarapacá supuestamente bárbaro, cholo o indígena.

De todos modos, ambas tesis apuntan, sea renuncia consciente o no, hacia un abandono de parte del Estado chileno -que coincide con el Régimen parlamentario- del territorio salitrero, dejando en manos de los empresarios del salitre las principales decisiones económicas y políticas de la provincia. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XX se perciben los primeros cuestionamientos a ese “abandono”, resurgiendo propuestas nacionalistas que se confunden con reivindicaciones sociales

Llama la atención que precisamente hacia comienzos de este siglo (re)surgan las primeras voces nacionalistas con un discurso que involucra a la cuestión social, Enrique Mac Iver (1900), Nicolás Palacios (1904), Tancredo Pinochet (1909), Alejandro Venegas (1910), Francisco A. Encina (1912) o el propio Luis E. Recabarren (1910), apelan a la patria, de un modo u otro, para discutir el problema social como problema nacional. Estos discursos no son ajenos a la decadencia de la República Parlamentaria, que permitió el tipo de explotación-rentista del salitre en Tarapacá y Antofagasta. Al confundirse la cuestión social con la cuestión nacional en Tarapacá, el nacionalismo y el símbolo patrio encuentran en lugar más propicio para asentarse en la sociedad civil tarapaqueña. Entre los primeros efectos fue la desaparición de las mancomunales (1910), el principal movimiento obrero internacionalista de la época, el reemplazo de los curas peruanos, y los primeros tarapaqueños (de origen peruano) expulsados por las Ligas Patrióticas (1909). La violencia de la rápida chilenización en este período llevó al gobierno del Perú a romper relaciones diplomáticas con Chile en marzo de 1910, el motivo específico fue la expulsión de los curas peruanos de Arica y Tacna.

Muchos compiten los créditos de la soberanía nacional de estos territorios, por supuesto los militares primero, sería ocioso señalar datos al respecto. Un personaje del escritor iquiqueño Luis González Zenteno de su libro Caliche, “don Patria”, viejo trabajador salitrero, miembro del movimiento obrero de la época, reivindica para los “peones que pasaron a soldados y -después de la guerra- a obreros del salitre”, el haber ganado para Chile estos territorios llenos de patrones extranjeros. Argumento muy utilizado en la literatura y periodismo obreros cuando se trata de discutir los derechos sobre las riquezas de la región (frente a los patrones extranjeros)(1) y el derecho al trabajo (frente a los obreros enganchados desde los países vecinos).

Conocida fue la actitud -casi racista- del movimiento obrero chileno contra los enganches bolivianos en los momentos de crisis y, peor aún, en los momentos de huelga. según testimonios, le ponían “polleras” a los crumiros bolivianos. Los aymaras de los valles altos y del altiplano difícilmente “se ganaban” derecho de “ser chilenos” en los campamentos de la pampa, eran simplemente bolivianos para el obrero venido del sur.

Esta discriminación intra-obrera, podría explicarse en la dirección señalada por Michel Foucault, al plantear “lo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir.” De ese modo, entonces, quienes están en el “campo del poder simbólico”, pueden generar discursos “normalizadores”, es decir de control social, al hacer creer a los usuarios del discurso que “forman parte del argumento”. En el caso de los chilenos en Tarapacá (y por cierto en Antofagasta, Arica y Tacna) internalizan el discurso patriótico como algo que los homogeniza respecto de un ideal común (pero que los separa de sus pares de clase de nacionalidad peruana y/o boliviana) y, por lo mismo, los “normaliza”, permitiendo que los agentes que dominan el campo simbólico puedan controlarles.(2)

Es por ello, que el obrero chileno asimila el autoritarismo y la violencia del nacionalismo a-pesar que va en directa contradicción con sus ideas internacionalistas y de clase. Para Bernstein el “control simbólico traduce las relaciones de poder a discurso y el discurso a relaciones de poder”, de ese modo se entrecruza lo que racionalmente aparece como incompatible, especialmente cuando además la simbología del discurso esta cargada de emociones.

A modo de ejemplo, algunos fragmentos de la composición premiada en el concurso del Diario El Pueblo de Iquique sobre el 18 de septiembre, publicado ese mismo día, refleja esa contradicción vital de un pampino entre la perspectiva mancomunal internacionalista y la perspectiva nacionalista.

“...la idea patria envuelve entonces una idea egoísta y limitada.

Los pueblos más patriotas han sido y son los más inhumanos, han sido y son una rémora, un obstácul* para la confraternidad universal.

El patriotismo salva a pueblos, pero fracciona a la humanidad; significa odio y guerra: el odio nos hace egoístas y la guerra nos hace feroces.

Odio la guerra porque es el dragón que asola los campos y saquea las ciudades, el rayo que siembra espanto y la muerte. La guerra es enemiga de las artes y de la ciencia; sólo tiene una fórmula: vencer haciendo todo el daño posible y evitando el propio; sólo tiene un todo, el rojo, y una nota, la del bronce...” “...El patriotismo, para mi, es un sentimiento que decaerá, porque el regionalismo de los pueblos tiende a desaparecer en virtud de una ley de aproximación de los hombres. Presiento, pues, el día en que los pueblos serán uno, en tanto que los gobiernos serán varios...”

“...Pero, a pesar de esas reflexiones, de esta opinión que tengo de la guerra y la patria, siento en este instante algo sobrenatural, como un involuntario entusiasmo que me invade y que me arrastra a compartir de alegría popular.

Y todos los ruidos que oigo, como la’ voz humana confundida con la del bronce, el ronco murmullo de los tambores mezclada con el estruendo de las bandas militares, me causa un vértigo indescriptible, deslumbrador, delicioso...

Me hallo sugestionado, y, recobrando mi corazón patriota, vuelvo a ser uno de esos locos que, al toque de la diana, son capaces de escalar una muralla enemiga o saltar una trinchera!

Soy de aquellos que, en los momentos angustiosos de la patria, marchan de frente al sacrificio, empuñando una bandera...”

Esta evidente confusión del poeta obrero, podría explicarse en la dirección señalada por Basil Bernstein, pues existen agencias y agentes que dominan el campo del control simbólico en una sociedad, y que se especializan en códigos discursivos, no necesariamente tienen una misma ideología. En el mundo obrero salitrero podrían ser los dirigentes sociales y políticos, los maestros especializados en determinadas faenas del proceso productivo, los caporales de las cofradías religiosas, los profesores de las filarmónicas, los maestros de escuelas, los mercachifles (vendedores), los directores de teatro obrero, los curas de los pueblos, los tipógrafos, etc., incluso los policías, y por cierto, los poetas populares.

Para Bernstein, este campo, probablemente, está constituido por posiciones opuestas dependiendo de su relativa autonomía con respecto al campo del Estado (Bernstein 1993). Por tanto, el símbolo patrio al apelar a la emoción cruza a todos los grupos sociales y llena de contenido afectivo a diversos discursos, incluso contradictorios.

Sin embargo, los símbolos patrióticos se transformaron en símbolos políticos, como la cruz de alquitrán dibujada en la puerta de la casa de un “cholo” con el propósito de expulsarlo durante el auge de las Ligas Patrióticas(3) entre 1909-1925, luego se convirtió en la cruz acusadora de los obreros y dirigentes comunistas y socialistas durante el gobierno de González Videla. Muy distinta, por cierto, a la “cruz de mayo” clavada en el cerro más cercano de cada pueblo, donde todos peregrinaban sin distinción de etnia o nacionalidad.

Posiblemente el gran símbolo de unidad pluriétnica ha sido la fiesta de La Tirana, la cual hasta 1905 se celebró indistintamente, un año cada nacionalidad, un 28 de julio (peruanos), un 6 de agosto (bolivianos) y un 16 de julio (chilenos).

Los símbolos patrios que acompañaron a la chilenización de Tarapacá fueron elaborados en y desde varios aparatos ideológicos estatales y no-estatales, tales como la escuela, la iglesia, la masonería, organizaciones para-militares como las ligas patrióticas, clubes sociales, las reparticiones públicas, las fuerzas armadas, partidos y movimientos sociales y políticos, etc. Lo interesante del fenómeno es justamente su amplitud, pues el proceso de ideologización-chilenizadora fue tanto desde la sociedad civil como desde el Estado. Y todos los símbolos y acciones tuvieron un alto contenido de violencia y autoritarismo.

Posiblemente los orígenes filosóficos de los distintos aparatos ideológicos que operaron en Tarapacá a comienzos de siglo fueron diferentes incluso opuestos, pero todos parecen compartir justamente un contenido patriótico básico sustentado en un Estado-Nación ya construido con anterioridad en Chile. Por ejemplo, diferente fue la motivación sarmientina de civilización y barbarie, que pretendió traer la “modernidad” chilena a estas tierras bárbaras a través de la escuela (violencia simbólica), que la motivación decimonónica del militarismo de las Ligas Patrióticas (violencia física). No fue lo mismo el patriotismo del movimiento obrero salitrero, mayoritariamente anticlerical, que el patriotismo de los curas diocesanos chilenos.

En regiones-frontera, como Tarapacá después de 1907, el Estado puede caracterizarse como un agente supranacional con aparatos ideológicos (Althusser 1977), que tienen por misión disminuir la autonomía relativa de las relaciones simbólicas respecto de las relaciones de poder. De hecho en el mundo obrero salitrero, especialmente a partir de 1912 cuando se funda y consolida el primer partido obrero de carácter nacional (Partido Obrero Socialista), su discurso obrerista toma un contenido nacionalista. Sin embargo, la violencia de las Ligas Patrióticas no fue aceptada por los dirigentes obreros, una muestra es la denuncia del propio Recabarren en diario “El Grito Popular” de Iquique del 2 de junio de 1911, donde señala que el Partido Balmacedista creó a las ligas patrióticas, las que son a la vez responsables del “terror patriótico” y de intentar dividir a la clase obrera. Muy pronto esta organización para-militar utilizará un claro lenguaje anti-socialista y comunista.

Pero la autonomía relativa del movimiento obrero respecto del Estado y de los demás grupos de la sociedad civil disminuye en los momentos de crisis y de conflicto. Por ejemplo, en 1918, quizás el año más violento para los tarapaqueños de origen peruano por los efectos de la crisis económica internacional, se realizó un acto masivo en Pisagua a propósito del aniversario de la toma de ese puerto por las armas chilenas, aprovechándose la oportunidad para importunar a los “peruanos”, según relata El Mercurio de Santiago, del 3 de noviembre del año en referencia.

Si bien, tanto para Bernstein (1974) como para Bourdieu (1977), son factores de clase los que regulan las formas de transmisión cultural, los obreros del salitre a pesar de su avanzado grado de organización social y laboral, no fueron plenamente conscientes antes de 1907 que el Estado Nacional expresaba con su discurso relaciones de clase. De hecho, el recurrir constantemente al Estado y esperar de él respuestas positivas a sus reivindicaciones respecto de sus “patrones extranjeros”, fue una demostración de esa confusión(4). El discurso nacional oculta los factores de clase, especialmente en las regiones-frontera, justamente al apelar a los símbolos patrios.

Es más, la discriminación hacia la población de origen peruano no sólo fue desde la sociedad civil, sino también fue notoria en la acción estatal, particularmente a través de las obras públicas que perjudicaron, por ejemplo, al oasis de Pica y los valles aledaños de Quisma y Matilla (Castro 1995).

Hoy uno se puede preguntar ¿cómo las familias -tanto de tarapaqueños expulsados como de quienes se quedaron a pesar del hostigamiento-pudieron vivir con el peso de la discriminación y de una simbología patria permeando hasta el último rincón de su vida cotidiana?(5). Los miles de tarapaqueños expulsados, partieron con la mente llena de los símbolos levantados por quienes desfilaban con uniformes en las marchas de las Ligas Patrióticas (González, Maldonado, y Mc Gee 1994) y de los símbolos e insultos de los pasquines editados ad hoc, como “El Corvo”, “El Chileno”, “El Roto Chileno”, “El Eco Patrio”, “El Ajicito”, “La Liga Patriótica”, “El Lucas Gómez”, entre otros.

Un “aparato ideológico” muy efectivo para la chilenización de Tarapacá fue, sin dudas, la escuela fiscal, “la sociedad (chilena) se espantó de la miseria y de la criminalidad y se llenó de temor. Y se levantó el discurso de la decadencia y degeneración de la raza y de la pérdida de la nacionalidad. Se dictó la ley del Servicio Militar Obligatorio (el primer país de todas las Américas, en 1900) y algunas mentes más lúcidas y más progresistas se fijaron en la escuela como solución histórica. Era urgente estimular y desarrollarla educación pública” (Manes 1991) Sin embargo:

“bajo la influencia alemana, la escuela chilena se remodeló en términos de autoritarismo, formalismo y exacerbado nacionalismo. Se dio fuerte importancia a la gimnasia y a los ejercicios pre-militares. Incluso se introdujo la práctica del tiro escolar. Ejército y escuela convergían como instrumentos distintos para el cumplimiento de un propósito superior de moldear a la población en un sentido de patriotismo, disciplina y virtudes bélicas” (Núñez 1983).

Esta escuela pública se instaló en la pampa desde inicios de siglo y en valles de precordillera a partir de la década de 1930(6), ambos espacios con mucha presencia de “población tarapaqueña de origen peruano y boliviano”. Esta escuela marcará un cambio cultural en la región, desde la llegada de los “alfabetizadores” (comienzos de siglo) encargados de enseñar a leer y escribir rápidamente a la población chilena que pudiera votar en el esperado y siempre postergado Plebiscito por Arica-Tacna, hasta la formación de los maestros “chilenizadores” en la Escuela Normal de Antofagasta, entre 1946 a 1950, en un curso especial para desempeñarse en las zonas “fronterizas” de Tarapacá y Antofagasta.

Hasta la más alejada y pequeña escuela unidocente rural en Tarapacá, tenía por orgullo organizar cada lunes un acto cívico, y en cada fecha patriótica una fiesta escolar.

En los Planes y Programas de Estudio para la Educación Primaria, editado por el Ministerio de Educación Pública en marzo de 1949, se señalan los conceptos de ciencias sociales más utilizados en la enseñanza: espacio, tiempo, interdependencia, evolución, democracia y patria. Con respecto de este último concepto se señala: “En el I, II y II años, el concepto de Patria se adquiere esencialmente por la vía emocional. Su significado se hace concreto con el conocimiento de los símbolos y emblemas patrios -banderas, escudos, himnos nacionales, historia de vida de los héroes-yen la participación de los alumnos en la celebración de las festividades patrias establecidas en el calendario anual de la República.

En el IV, V y VI años, la Patria agrega a esta base emocional el conocimiento objetivo del país en sus diferentes aspectos, la historia y tradición nacionales y se hace consciente la importancia que tiene el ser ciudadano y miembro integrante de una comunidad nacional que lucha por superiores ideales de vida.

La celebración de las fiestas patrias y cívicas debe promover un espíritu de elevado patriotismo con la participación en ellas, no sólo de los alumnos sino también de las diferentes organizaciones de la escuela y de la comunidad.”

Los símbolos patrios más característicos en la Historia de la Educación chilena son: la bandera y canción nacionales, el escudo nacional y la canción de Yungay(7). La pampa salitrera fue fértil espacio para la consolidación de una identidad nacional basada en dichos símbolos.

A modo de ejemplo, tenemos lo sucedido en la Oficina Alianza entre el lunes 14 y viernes 18 de septiembre de 1953.

Escribe en el libro de clases el director de la escuela de la Oficina Alianza, señor L. Cervantes.

“Durante la semana se desarrolló en todas sus partes el Programa de la semana de la Patria, el 17 empezaron los festejos oficiales con el izamiento de la bandera a las 12 horas, con los honores de rigor y asistencia de carabineros y alumnos, padres y población.

A las 21 horas se dio comienzo a la velada patriótica, el teatro se hizo pequeño para contener la asistencia de espectadores, obteniéndose un éxito cultural y financiero (total recaudado en la velada 4.552 pesos); el 18 a las 10,42 horas se dio comienzo al desfile, encabezado por la banda, siguiendo el personal y alumnado y por último, la Brigada de Boys Scout con su respectiva banda, hizo uso de la palabra el comandante de la Brigada Sr. Luis Gavilán, cuyo hermoso discurso fue muy aplaudido. Por la tarde hubo deportes y juegos populares en los que tomaron parte los diversos clubes. El día 19 siguió el programa de juegos deportivos, terminando a las 18 horas con un lucido concurso de cuecas”.

No era diferente a la pampa salitrera lo que sucedía con las escuelas de los valles precordilleranos, quizás incluso más exacerbados los contenidos patrióticos de los símbolos y actos cívicos. Por ejemplo, el 21 de mayo de 1945 en la escuela de Pachica, se celebró con el siguiente Programa:

1. Embanderamiento y arreglo y adorno de la Escuela.

2. Formación de los alumnos y recorrido por el pueblo con la banda de músicos contratados especialmente en Usmagama.

3. Canción de Yungay.

4. Poesía “Soy chileno” por el alumno del 3º año Francisco García.

5. Disertación por el Director Señor Oscar Herrera E.

6. Canción Nacional cantada por el alumnado.

7. Poesía “Paula Jara Quemada” por la alumna del 3º año Brígida Ignacio.

8. Himno a Prat cantado por el alumnado.

9. Poesía “Arenga de Prat” cantada por el alumno Luis Mamani.

10. Melodías de América cantadas por el alumnado.

11. Poesía “Los colores nacionales” por el alumno Juan Miranda.

12. Himno de Yungay por el alumnado.

Pero no solamente en el acto cívico se expresa el símbolo autoritario, también dentro del aula están los códigos de la cultura dominante, tal como lo escribe la profesora Mónica Llaña Mena:

“...la infraestructura y la decoración de las escuelas son características. Existe una uniformidad de estructuras, de colores, distribución del espacio inconfundibles. Un ambiente que logra desarrollar un acatamiento a las normas, puesto que el orden, las rutinas, y su ritmo, la obediencia a pautas que los profesores establecen, se convierten en algo natural y obvio entre los que conviven en esas instituciones...” (Llaña 1992).

De ese modo, los símbolos patrios y el discurso nacionalista se transforma también en curriculum, sea en el acto cívico de los lunes o en las fiestas patrias, sea en el aula a través del Programa de Ciencias Sociales o por medio de las opiniones personales del profesor. Este “curriculum oculto” será, en definitiva, para el niño pampino (y posteriormente para el niño aymara) la enseñanza que quede más arraigada en su personalidad.

Entender al período entre 1907 y 1950 en Tarapacá como de consolidación de la soberanía nacional, permite abordar aspectos de la acción del Estado y de la sociedad civil chilenos muy poco conocidos hasta ahora, especialmente en relación a la población tarapaqueña de origen peruano(8) entre 1907 y 1929, así como en relación a la población boliviana y aymara entre 1930 y 1950, y permite responder a la pregunta sobre los efectos del proceso compulsivo de chilenización en Tarapacá en las relaciones interétnicas e internacionales en esta región-frontera.



Bibliografía

Althusser, Louis:

1977 “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” en Lenin and Phílosophy, Ed. New Left Books, London,

Basadre, Jorge:

1959 Infancia en Tacna Ed. Talleres Gráficos de P.L. Villanueva S.A., Lima,

Bernstein, Basil:

1974 Class, codes and control. Vol. 1, Ed. Rutledge and Kegan Paul, London,

Bernstein, Basil:

1993 La estructura del discurso pedagógico. Ed. Morata, Madrid,

Billinghurst, Guillermo:

1889 Los capitales salitreros de Tarapacá. Mimeo, Santiago,

Bourdieu, P. y Passeron, J.C.:

1977 Reproduction in Education, Societyandculture. Ed. Sage, London

Blakemore, Harold:

1991 “¿Nacionalismo Frustrado? Chile y el salitre, 1870-1895”. En Dos Estudios sobre Salitre y Política en Chile (1870-1895), Dpto. de Historia USACH, pp.13-27, Santiago.

Castro, Luis:

1995 Tarapacá 1880-1936: dabates, reflexiones, propuestas y proyectos en torno al problema del desarrollo. Taller de Estudios Andinos, Arica. falta páginas y el nombre de la revista.

Devés Valdés, Eduardo:

1988 Los que vana morirte saludan. Historia de una masacre. Escuela Santa María, Iquique, 1907. Ed. Documentas, América Latina Libros y Nuestra América Ediciones, Santiago,

Foucault, Michel:

1982 Vigilar y castigar Editorial Siglo XXI, Madrid.

González Miranda, Sergio:

1990 Hombres y mujeres de la pampa. Tarapacá en el ciclo del salitre. Ed. Camanchaca, Iquique.

González Miranda, Sergio:

1990 “La identidad regional. El caso salitrero como ejemplar”. Revista Diálogo Andino Nº 9, Universidad de Tarapacá, Arica.

González, Sergio; Maldonado, Carlos y Mc Gee, Sandra:

1994 “Las Ligas Patrióticas: un caso de nacionalismo, xenofobia y lucha social en Chile”. Canadian Reviewof Studies in Nationalism, Vol. XXI, N° 12, University of Prince Edward Island, Canada.

Manes, María Angélica:

1991 “Ausente, Señorita. El niño chileno, la escuela-para-pobres y el auxilio. Chile, 1890-1990”. JUNAEB, p. 26. Santiago

Jocelyn-Holt, Alfredo:

1993 “La crisis de 1891: civilización moderna versus civilización desenfrenada”. En La Guerra Civil de 1891 Cien Años Hoy. Dpto. de Historia USACH, Santiago.

Llaña Mena, Mónica:

1992 “La escuela y sus códigos de autoridad”. Revista de Educación N° 223, Santiago, p. 29.

Núñez, Iván:

1983 “Notas sobre educación y fuerzas armadas en Chile.” PITE, Chile-América, Roma, N288-89.

Ossandón B., Carlos:

1992 “Sarmiento o la modernidad radical”. Rev. Mapocho N° 31, pp. 113-118. Santiago.

Palacios Rodríguez, Raúl:

1974 La chilenización de Tacna y Arica 1883-1929. Editorial Jurídica S.A., Lima.

Pinto, Julio y Valdivia, Verónica:

1994 “Peones chilenos en tierras bolivianas: La presencia laboral chilena en Antofagasta.

1840-1879” Población y Sociedad, diciembre. N22, pp. 103-132.

Ramírez Necochea, Hernán:

1959 Historia del movimiento obrero en Chile. Ed. Antecedentes Siglo XIX, Santiago.

Valdivia Ortiz de Zárate, Verónica:

1995 El Nacionalismo chileno en los años del Frente Popular (1938-1952). Universidad Católica Blas Cañas, Serie de 3 investigaciones, N°3, Santiago, 1995.





Notas



*Este artícul* corresponde a un resultado parcial del proyecto Fondecyt Nº 1940761

**Sociólogo. Magister en Planificación Regional, Universidad Católica de Chile. Diplomado en Ciencias Sociales, Flacso. Profesor de Sociología, Universidad Arturo Prat de Iquique, Chile.

(1) En el diario “El defensor” de Iquique, del 15 de noviembre de 1902, se publica un artícul* titulado “La chilenización de Tarapacá”, referido a un proyecto de Ley presentado por el diputado Sánchez Masenlli, en un de los párrafos del artícul* se dice “¿cómo se quiere chilenizar las salitreras con Intendentes ingleses, con jueces ingleses, con alcaldes ingleses, con diarios subvencionados por los ingleses, y con delegados fiscales que, en llegando aquí, se ponen al servicio de los ingleses.?”

(2) “En cierto sentido, la fuerza de la normalización impone la homogeneidad; pero individualiza al hacer posible la medida de las separaciones, la determinación de los niveles, la fijación de las especialidades y el logro que las diferencias sean útiles, al ajustarlas mutuamente. Es fácil comprender cómo funciona la fuerza de la norma en un sistema de igualdad formal, dado que, dentro de la homogeneidad que es la regla, la norma introduce, como imperativo útil y como resultado de la medida, todos los matices de las diferencias individuales.” Foucault. Michel “Vigilar y castigar” Ed. Siglo XXI. España, 1975. p.189.

(3) Para el caso de Tacna. se organizó un grupo de chilenizadores violentos denominados “los mazorqueros”.

(4) Un claro ejemplo de ello fueron los Memoriales Obreros presentados al presidente Germán Riesco en 1904 y las visitas parlamentarias de 1904 y 1913.

(5) Para el caso tacneño, especialmente sobre la acción de la escuela chilena y su impacto en los niños peruanos de la época, ver: Basadre, Jorge “Infancia en Tacna” Ed. Talleres Gráficos de P.L. Villanueva S.A., Lima, 1959.

(6 )A pesar que es necesario reconocer los esfuerzos realizado por los Jefes Políticos designados en Tarapacá, especialmente Patricio Lynch y Francisco Valdés Vergara, por convencer a las autoridades centrales de la necesidad de escuelas en la provincia. El siguiente es un breve fragmento de una carta enviada por Lynch al entonces Ministro de Instrucción pública, el 17 de Julio de 1880: “...Considero que por ahora se hace necesario la apertura de cuatro escuelas: una de hombres i una de mujeres en Iquique, una alternada en Pisagua i otra de la misma clase en La Noria. Fuera de lugar me parece hacer presente a Us.. al proponer esta medida, la conveniencia que envuelve su adopción para hacer simpática nuestra ocupación militar a la masa del pueblo. Es en la escuela pública de instrucción primaria donde deben naturalmente acercarse i entenderse los elementos de nacionalidades diversas que forman la gran mayoría de las poblaciones de este territorio. Y es allí también donde concluirán por chilenizarse los criollos de estas poblaciones.”

(7) Llama la atención que el cierre del tradicional carnaval de Mamiña sea con la “canción de Yungay”, la cual no tiene ninguna explicación o sentido cultural en dicha festividad, pero quizás sea un símbolo más de la chilenización de un valle andino.

(8) No puedo dejar de recordar que son miles los tarapaqueños expulsados y sus descendientes que aún permanecen en diversas ciudades del Perú, especialmente en la urbanización Tarapacá del Callao (ex-fundo La Chalaca comprado por el gobierno de Leguía para los refugiados venidos de Tarapacá), esperando por un “símbolo de reconciliación”.

Volver arriba

Invitado




MensajeLun Ago 18, 2008 3:39 pm

Responder citando


Chinos en la guerra

Volver arriba

Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeLun Ago 18, 2008 3:52 pm

Responder citando


En todo caso estos estudios confirmarian la falsedad que fueron liberados y repatriados a China, validando las informaciones que Linch y su gobierno trahicionaron a los chinos y los enviaron a trabajar a las islas guaneras y a las salitreras como antes afirmamos los peruanos.

Los Chinos no fueron esclavos que de sus propios compatriotas, el Fulang Gang o tambien conocido como la mafia del Dragon Rojo, exactamente la misma situacion pasaba en los Estados Unidos, luego de pagar su deuda con esta mafia por haberlos traido al Peru (con trabajo en condicion de esclavos) quedaban libres de compromiso, pero su propia cultura en el juego y el opio los endeudaba nuevamente y tenian que ofrecer sus servicios para poder pagar a esa mafia, no debido a los peruanos como se quiere hacer penzar.

Esta explotacion aun se puede observar en todo el mundo donde llegan grupos de chinos y que trabajan indocumentados en fabricas textiles escondidos y en estado de semi esclavitud. por el Dragon Rojo(la mafia china).

Volver arriba

Ver perfil del usuario

sagorlodijo
Invitado



MensajeLun Ago 18, 2008 4:29 pm

Responder citando


Anonymous escribió:
Chinos en la guerra

Si se acuerdan ?????
yo ya habia dado esta noticia hace mucho tiempo atras solo que no me dieron referencia Sad
SE ACUERDAN????? Wink
mas al examen cefalometrico las referencias lo colocan con un tipo nordico y no "chino" como se la pretende dar ahora, creame hubieron muchos mercenarios europeos que participaron y que vistieron unirforme chileno, ocuparon puestos principales en la armada y en el ejercito chileno, la informacion se encuentra bajo siete llaves en el museo nacional de arquelogia de peru y oportunamente saldran otros "hallasgos".
sagor lo dijo
mmmmm, para terminar algunas observaciones se le advirtieron a la delegacion chilena politica y nada profesional que vino a recoger los restos, para el Peru despues de sus conclusiones las cosas estan claras.....chile debio investigar mas el tema
saludos

Volver arriba

Invitado




MensajeVie Sep 12, 2008 3:39 pm

Responder citando


El hundimiento de la Covadonga

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-9-2008
El hundimiento de la Covadonga
por Ernesto Linares Mascaro; elinares@yahoo.com


El 13 de septiembre se recuerda el hundimiento de la goleta chilena
Covadonga en el puerto de Chancay, siendo este el logro más
significativo de la Ingeniería Militar, en momentos que ya no se
contaba con una escuadra efectiva para hundir a los buques enemigos.

El bloqueo de Chancay
Desde el inicio de la guerra, varios pobladores del puerto de Chancay
se habían enrolado en el Ejército de Reserva que se formaba en Lima.
Cuando se inició el bloqueo del Callao el 10 de abril de 1880, el
puerto de Chancay sirvió de punto para el contrabando de armas y el
paso de fuerzas del ejército para Lima. En esa época, Chancay se
comunicaba por telégrafo con Lima y contaba con una estación del
ferrocarril Lima – Huacho.

El puerto de Chancay, a pesar de la guerra, vivía en relativa
tranquilidad hasta el 11 de junio de 1880. Chile decidió extender el
bloqueo de la costa peruana y el 11 de junio se inició el bloqueo de
Chancay por la cañonera Pilcomayo (buque peruano que fue capturado por
el blindado Blanco Encalada el 18 de noviembre de 1879, puesto luego
al servicio de Chile con armamento moderno), al mando del capitán de
corbeta Luis Uribe, para impedir el tráfico del ferrocarril.

Chancay era un puerto indefenso, pero esto no impidió que los chilenos
lo bombardearan para impedir el transporte terrestre. Es el
historiador chileno Vicuña Mackenna el que nos narra los esporádicos
bombardeos de la Pilcomayo:

"…la Pilcomayo disparó el 23 de junio cuatro tiros sobre una recua de
mulas, sin causar el menor daño ni a los arrieros ni a las acémilas.
El 1º de julio igual número de disparos y la misma impunidad. El 3 de
julio 25 tiros y ninguna avería. El 4 de julio se hizo fuego a la
playa con ametralladora, pero con resultado negativo. El 14 de julio
11 tiros sobre el cerro de Peraloillo; más el cerro quedó inmutable, y
no mojó sus rocas azotadas por las olas ni una sola gota de sangre
peruana, ni siquiera de cuadrúpedo" .

El 1° de septiembre, la Pilcomayo es relevada por la Covadonga, al
mando del capitán de fragata Manuel J. Orella, en el bloqueo de
Chancay. El 9 de septiembre, Orella deja el mando de la Covadonga al
capitán de corbeta Pablo de Ferrari.

El torpedo que hundió a la Covadonga
El ingeniero Manuel Cuadros, el mismo que fabricó el torpedo que
hundió al crucero Loa en el Callao, fue el responsable de fabricar el
torpedo que hundiría a la Covadonga en Chancay, en colaboración con
Constantino Negreiros.

El historiador naval Francisco Yábar, uno de los que más ha
investigado el tema, sugiere que el torpedo tenía una carga explosiva
de 350 Kg de dinamita , colocada dentro de la estructura de un
elegante bote, pintado de blanco y con chumaceras de bronce.

El teniente 2° Decio Oyague recibió el encargo de colocar el torpedo
en Chancay para volar el buque que bloqueaba ese puerto. Oyague viajó
con el torpedo por tren a Ancón y de ahí, en un bote a remo llegó a
Chancay el 9 de septiembre, acompañado del capitán Ezequiel del Campo,
Jefe la Sección de Torpedos.

El último día de la Covadonga
En la mañana del 13 de septiembre de 1880, la Covadonga se dedicaba a
cañonear al puerto. Tras haber disparado 22 tiros, 4 de ellos sobre el
muelle y el resto sobre dos embarcaciones (algunos tiros cayeron sobre
la población, aunque sin causar daños), llegando a hundir una lancha
de la Casa Grace.

El capitán Ferrari ordenó al aspirante don Melitón Guajardo se
dirigiese con el calafate José María Avila a reconocer al bote. No
encontrando estos nada sospechoso a su bordo lo trajeron al costado de
la goleta para izarlo. Esto se hizo a pesar de que el contralmirante
Galvarino Riveros, Comandante en Jefe de la escuadra chilena, había
ordenado el 7 de julio que no se reconociese ninguna embarcación sin
permiso previo de la nave de la insignia, y el 23 de julio, que no se
permitiera acercarse a la amura de los barcos de la escuadra a menos
de mil metros ninguna embarcación menor, cualquiera que fuese su
bandera, a fin de evitar toda celada. Alrededor de las 15:15 se
procedió a levantarla del agua y estalló el artefacto explosivo, que
un marinero sobreviviente comparaba al estallido de cuarenta cañonazos
a un tiempo, hundiéndose la Covadonga en dos minutos.

En el único bote que se salvó de la explosión, lograron salvarse 29
personas, 12 de los cuales eran oficiales y el resto marineros. De las
tripulación murieron 66 hombres y quedaron prisioneros en Chancay, 46
hombres . Entre los muertos estaba el propio capitán Ferrari. El
armamento que tenía la Covadonga y se perdió en su totalidad era: 2
cañones de avancarga de a 70 libras, un cañón de retrocarga de a 70
libras, 3 cañones de avancarga de a 9 libras, 1 ametralladora
francesa, 50 rifles Comblain, 35 sables, 11 hachas, 12 puñales corvos,
12 revólveres, 160 bombas de a 70 de cañón de retrocarga, 60 bombas de
a 70 de cañón de avancarga, 40 balas rasas para cañón de avancarga y
otros pertrechos más.

Los telegramas peruanos que comunicaron el éxito del torpedo están a
continuación:

"Chancay, septiembre 13 de 1880.

Señor secretario de hacienda:

La Pilcomayo a pique en un fondo que deja descubierta la cofa; en ésta
creo hay una ametralladora, i una embarcación de este buque con
dificultad se dirigió a Ancón.

Domingo Romero".
_______________

"Canto Grande, número 7.
Excelentísimo señor:

El ejército ha recibido con júbilo la noticia trasmitida respecto de
la Pilcomayo, comprendiendo que ese buque no podía permanecer
impunemente en poder del enemigo. Felicito a V. E. a nombre del
general Machuca i del mío.
Billinghurst".
________________

"Chancay, septiembre 13 de 1880.

(A las 6 P. M.)

Excelentísimo señor jefe supremo.

Señor secretario de marina:

El buque echado a pique no es la Pilcomayo sino la Covadonga, según
los náufragos, que hasta este momento, 6 P. M., son trece. Se continúa
salvándolos. El comandante Luís Ferrari, según unos, se ha salvado en
un bote dirigiéndose al sur, i según otros está entre náufragos sobre
un madero, i otros dicen que ha perecido. Casi todos están ebrios.
Benavides" .

Críticas al hundimiento
El hundimiento de la Covadonga es uno de los mayores logros peruanos
en la guerra, que dio un apoyo moral en momentos bastante difíciles,
pero desde entonces hasta la actualidad, ha habido duras críticas en
Chile contra ese hecho. Cuando el contralmirante Riveros calificó el
hecho de alevosa celada, le respondió el contralmirante peruano Manuel
Villar escribiendo la destrucción del Covadonga, llamada por él
alevosa celada, no ha sido sino la condigna pena que reciben los
salteadores en mar y tierra: ser castigados por su propio crimen .

El historiador Francisco Yábar hace una importante aclaración respecto
a las críticas chilenas:

Es pertinente mencionar que el uso de torpedos no era considerado en
ese entonces como un arma alevosa, muestra de ello son los conceptos
ya citados una década antes por el ingeniero confederado Von Scheliha
en su obra A Treatise on Coast Defence (Londres, 1868) o en la obra
del comandante de la marina norteamericana J. Barnes titulada
Submnarine Warfare (Nueva York, 1869), que fue la versión
norteamericana del uso de torpedos en la guerra naval, donde justificó
al torpedo como una "…legítima máquina de guerra…" (J. S. Barnes.
Submarine Warfare. Offensive and Defensive. p. 62.). Además, cuando el
contralmirante Riveros manifestó su intención de bombardear los
puertos tildando de alevoso el ataque a la Covadonga, todo el cuerpo
diplomático acreditarlo en el Perú protestó pues consideraban que era
contrario a los uso de la guerra de los países civilizados el atacar
poblaciones indefensas, como lo eran Chancay, Chorrillos y Ancón,
agregando sobre el ataque con torpedos que "…este motivo no podría ser
invocado aquí, puesto que la pérdida de la "Covadonga" es el resultado
de operaciones regularmente practicadas en las guerras…" .

A pesar de que muchos chilenos aceptan en la actualidad que el
hundimiento de la Covadonga es una acción legítima de guerra, hay un
grupito llamado Corporación de Defensa de la Soberanía, que en su
página web dice al respecto:

…el 13 de septiembre siguiente al episodio del vapor de transportes,
los peruanos volvieron a colocar un señuelo mortal dentro de una nave
pequeña cargada de dinamita, en Chancay. Tras una pequeña
confrontación con otra nave peruana que le acompañaba, el comandante
Ferrari de la "Covadonga" ordenó izar la embarcación abandonada y ésta
estalló en plena maniobra, matando ahora a unos 90 chilenos.

La "Covadonga" se hundió por completo en sólo tres minutos, salvándose
unos 70 chilenos. Tanto esta acción como la del "Loa" encendieron en
gran parte la agresividad con que la fuerza naval chilena atacó, poco
después, las posiciones litorales del Perú, especialmente después de
saberse el entusiasmo y criminal regocijo con que la sociedad peruana
celebró estos dos actos salvajes .

Es una versión totalmente deformada, pues no solo el hundimiento era
un acto lícito, sino que inventa un enfrentamiento con otra
embarcación peruana, algo que contradice el parte oficial chileno del
hundimiento de la Covadonga así como las versiones de los
historiadores chilenos de la época. Además, no se menciona que la
Covadonga estaba realizando el acto ilícito de bombardear un puerto
indefenso, destruyendo propiedad privada neutral, tal como
anteriormente lo había realizado la cañonera Pilcomayo. Lo que realiza
la Corporación de Defensa de la Soberanía es deformar la historia a su
conveniencia para disminuir cualquier éxito que tuvo Perú en esa
guerra.

Volver arriba

Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeMar Nov 25, 2008 4:17 pm

Responder citando


Luego del trato que recibieran los Culies chinos por parte de los hacendados y comerciantes de nuestro Peru, se puede entender el porque de la ayuda que prestaron al ejercito chileno.

Interesante documento donde se encuentran muchos señores de la epoca, personalidades muy respetadas y algunos considerados como heroes internacionales como el caso de Garibaldi y abuelos de actuales personajes de la politica y actualidad peruana.

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/spmi/v05n3/Inmigración.htm

Volver arriba

Ver perfil del usuario

Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeMar Nov 25, 2008 4:18 pm

Responder citando


Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol.5 Nº 3 - 1992

--------------------------------------------------------------------------------

LA INMIGRACIÓN CHINA EN EL PERÚ
(1850-1890)

Autor: Ricardo La Torre Silva*

INTRODUCCIÓN

En 1849 se inició la llegada de los culíes chinos, originada por la escasez de mano de obra en la agricultura debido a la abolición de la esclavitud por el Presidente Ramón Castilla. El destino no fue exclusivamente agrícola, en los primeros años se les destinó tanto a la agri­cultura como al trabajo en las islas guaneras y en la servi­dumbre urbana.

En este comercio o trata de semi-esclavos participaron y se enriquecieron hacendados, po­líticos y comerciantes. Este tipo de comercio fue una de las formas de acumulación de ca­pitales en el siglo pasado.

Los gobiernos que se sucedieron en la segunda mitad del siglo pasado dieron apoyo, tanto al tráfico como al silenciamiento, al duro trato que los hacenda­dos infligieron a los culíes.

Mediante ley de 1849. lla­mada "Ley China", se permitió el ingreso masivo de los trabaja­dores chinos. En octubre de 1849 acoderó en el puerto del Callao la barca danesa "Frederick Wilhem" trasladando a los primeros 75 culíes chinos al Perú. Entre los años 1849 a 1880 el lucrativo negocio de importar trabajadores desde China Imperial trajo entre 90 y 100 mil chinos al puerto del Callao y a otros puertos pe­ruanos. La durísima travesía demoraba cerca de 120 días en realizarse.

Para hacer posible el traslado de toda esta población hubo un engaño legal que consistía en hacer firmar en la misma China un contrato a los incautos "co­lonos". Los contratos se firma­ban en condiciones de presión por deudas y, de manera gene­ral, en circunstancias de an­gustia individual de todo tipo. El Estado peruano otorgó a par­ticulares la facultad de importar esta mano de obra por interme­dio de concesiones mediante la suscripción de contratos.

De 1849 a 1854 llegaron al Perú 4.754 chinos según datos de Castro Mendoza (1). Cuando los barcos llegaban a los puer­tos, los contratos de los chinos eran traspasados a sus patro­nes, que generalmente era ha­cendados.

En 1851 los efectos en la agricultura se dejaron sentir con una mayor productividad lo que originó que cerca de 98 empre­sarios se dedicaran a este ne­gocio. Esta nueva dinámica agrícola, gracias a la presencia china, favoreció en los primeros años solamente a un sector minoritario de los hacendados costeños.

EL CONTRATO

La contratación era la forma jurídica legal para obtener y utilizar la fuerza de trabajo de un culí. Consistía en un papel, por lo general impreso, donde se precisaba los términos que se comprometían a cumplir tanto el chino como el contratista. Mediante esta forma jurídica el chino aceptaba, con su firma, trasladarse a otro país. Con evidentes engaños y por nece­sidad, el culí daba su firma en China al contratista o a uno de sus empleados y al momento de hacerlo recibía un dinero de adelanto. Con esta aceptación lo trasladaban al Perú donde de­bía trabajar para el propietario de una hacienda u otro esta­blecimiento en las condiciones precisadas dentro de las cláu­sulas del contrato.

Sin la legalidad de los con­tratos hubiese sido dificil el tráfico de miles de culíes, pues no hubiera habido el consenti­miento de los estados compro­metidos en esta trata (Perú, Portugal, Inglaterra y China).

La forma jurídica empleada fue la del colono dentro del marco de la inmigración china para el Perú. Estaba vigente en 1852 el Código Civil que, en el Libro Primero, Título Quinto, establecía: "Nadie nace esclavo en el Perú"; y, el esclavo que venía del exterior, era libre desde que pisaba el territorio de la República conforme al artícul* 17 de la Constitución Política del Estado de 1860 Título 4º, Garantías Individuales que es­tablecía: "No hay ni puede haber esclavos en la República".

Sin embargo, el trato que se les dio fue la de verdaderos esclavos. Las leyes peruanas sobre los extranjeros no les fue aplicada. El Código Civil, en el Art. 33, normaba que: "Los ex­tranjeros gozan en el Perú de todos los derechos concernien­tes a la seguridad de su persona y de sus bienes, y a la libre administración de éstos". Lo que sí se les aplicó fue el Art. 37 del mismo cuerpo legal: "El ex­tranjero que se halla en el Perú, aunque no sea domiciliado, puede ser obligado al cumpli­miento de los contratos cele­brados con peruano, aún en país extranjero, sobre objetos que no estén prohibidos...".

Conviene examinar las con­diciones del contrato pues de su cumplimiento o incumplimiento dependía la normal asistencia y dedicación en el trabajo y, en buena cuenta, la estabilidad y armonía en las haciendas. El culí recibía su remuneración de tres maneras diferentes: pago en dinero, pago en especies (ali­mentos y vestimenta), pago en servicios (medicina y vivienda). También la obligación de recibir alimentos, vestimenta y atención médica. Todo ésto en conjunto era el pago que recibía el chino. A cambio de eso el culí debía ponerse bajo las órdenes del empresario para entrar a tra­bajar en clase de cultivador, hortelano, pastor, criado o tra­bajador en general por espacio de ocho año contados desde el día en que entraba a servir. Durante dicho período: " ... arará los campos, desmontará terre­nos. cuidará ganados, atenderá las huertas y hará cualquier otra clase de trabajo, cuando para ello sea requerido, además debe aportar su conocimiento mecánico y artesano que pudiera conocer, además de trabajar las Islas Guaneras".

A diferencia de los tiempos coloniales, los hacendados no procuraron el control de la masa de chinos instruyéndolos en la religión católica. Les permitie­ron que continuaran con sus prácticas religiosas facilitando el uso de locales donde los culíes colocaban imágenes de sus san­tos. Los hacendados tuvieron como base para sus exigencias el contrato que los culíes "por voluntad propia" habían firma­do en China y en el cual se precisaba las obligaciones de ambas partes. A pesar que el contrato quedaba en manos del hacendado, en algunos casos registrados legalmente no era desconocidos por los culíes.

Los culíes se defendieron del abuso, sobre todo tomaban nota de la fecha en la que habían ingresado al trabajo. Desconocer o no re­cordar esta fecha era perder la posibilidad de salir definitiva­mente de la hacienda. Ciertos procedimientos y tratos utiliza­dos no estaban escritos pero sirvieron para regir la vida co­tidiana de la gente. No estaba escrito, por ejemplo, aplicar castigos físicos. Sin embargo los hacendados lo hicieron con mucha frecuencia y severidad. Lo hacían porque esa era la norma usual para controlar a los trabajadores de sus hacien­das.

Los castigos corporales se aplicaron a los chinos coti­dianamente en las propiedades agrícolas y también fuera de ellas. En esos años, cuando hubo reclamos por estos castigos, preferentemente en casos fla­grantes que produjeron escán­dalos públicos, los gobiernos y periódicos de entonces trataron de ocultarlos, utilizando proce­dimiento judiciales como testi­gos que dieran constancia de falsos hechos. También era co­tidiano los castigos más sofisticados como el cepo, la barra, los azotes, la cárcel, el diario encierro en los galpones y, en casos extremos, las eje­cuciones.

La presencia del Estado era muy débil. Se quedaba en las puertas de las haciendas y si las tocaba era para pedir a los hacendados sus "contribucio­nes".

La semiesclavitud asiática había logrado que hubiera en las haciendas un cierto equili­brio social que se manifestaba de diferentes maneras. Frente a los abusos excesivos se generaba una respuesta violenta a la que temían los hacendados. Por eso era normal que cualquier ha­cienda tuviera una buena can­tidad de armas.


LOS CHINOS EN LAS ISLAS GUANERAS

Desde que fue descubierto el guano como abono, en la década de 1840‑50, la explotación fue incrementándose año tras año. Recién en 1853 el Gobierno peruano tuvo un estudio de su contenido y planos elaborados por Raimondi para su mejor conocimiento.

La explotación del guano estaba en manos de consig­natarios, quienes utilizaron la mano de obra china, polinésica y negra para la exportación. Las peores condiciones de trabajo que encontraron los chinos fue en las islas guaneras. Por este motivo, cuando apenas se ini­ciaba la trata amarilla a Perú, se prohibió, así se precisaba en los contratos, que los culíes fuesen a trabajar a las islas. Pero, como el cumplimiento de las prohibi­ciones estaba condicionado a las "necesidades nacionales", los chinos trabajaron siempre en las islas y lo hicieron junto a presidiarios, a negros manu­misos o libres y a los canacas (nativos de Oceanía).

El "Illustrated Times" de Londres, el 5 de marzo de 1859 nos narra lo siguiente:

" ... Quien escribe esta crónica visitó hace poco tiempo las Islas Chinas. El trabajo de excavación de guano lo hacían los chinos y había entre 250 a 300 embar­caciones cargando. Algunos han dicho que habría guano sólo para ocho o diez años si se hacían extracciones en tal cantidad como se estaba efec­tuando entonces". Sin embargo, en un artícul* aparecido en el "Guano Diggers" en "Household Worlds" 1853, el escritor esti­maba que había 250 millones de toneladas en las islas de Chincha y que tomaría 180 años para limpiarlas. El valor de los depósitos estaba estimado en 1,250 millones de Libras Es­terlinas...".

Testigos oculares pintaron un sombrío cuadro de la suerte que corrían los culíes emplea­dos en las islas de guano. Unos sesenta obreros chinos consi­guieron burlar la vigilancia de sus guardianes y se suicidaron sobre las rocas, "... dos docenas de azotes (a los chinos) los de­jaban sin respiración y cuando los soltaban, al cabo de treintainueve, después de dar unos pasos vacilantes, caían al suelo. Eran llevados al hospital y las más de las veces si se recuperaban, se suicidaban".

Uno de los empresarios de­dicados al tráfico de chinos fue Pedro Denegri, quien contrató a Giuseppe Garibaldi, durante su permanencia en el Perú, para iniciar el tráfico. El 5 de Octu­bre de 1851, a bordo del buque inglés "Bolivia", llegó Garibaldi al puerto del Callao (2) según testimonio ocular de Francisco Dabadie, profesor de idiomas residente en Lima (3).

El 10 de Octubre de 1851, Garibaldi y su amigo fraterno Carpaneto suscribieron un contrato con Pedro Denegri para efectuar un viaje a China. El 30 de Octubre de 1851 partió al puerto de Chincha el navío "Carmen" de 346 toneladas al mando de Garibaldi. El 9 de noviembre llegó al puerto de Pisco, a las 9 de la noche. El día 10 Garibaldi desembarcó para pagar el derecho de embarque de guano, llegando a la isla guanera de Chincha el día 11. Con el cargamento partió para el Callao el 21 de noviembre adonde llegó el 24 de noviembre de 1851 (5). El 10 de enero de 1852, con la carga completa, partió con destino a Cantón y Manila (6).

Garibaldi regresó de China con un cargamento de culíes para las haciendas, el 28 de enero de 1853 (7). Luego, Pedro Denegri contrató al italiano Luis Camagli para continuar el ne­gocio.

El gobierno peruano envió una comisión científica a las Islas Chincha para efectuar los planos y medir el guano que contenía. Dicha comisión estu­vo integrada por Antonio Raimondi, José Castañón, Fermín Asencios, Francisco Cañas, José Eboli y Manuel J. San Martin. Raimondi nos na­rra su viaje: "Visité en 1853 las afamadas Islas de Chincha formando parte de su comisión enviada por el Supremo Go­biemo, con el objeto de medir la cantidad de guano que existía. Ví con asombro ese inmenso depósito de amoníaco, de más de cuarenta metros de espesor que desgraciadamente ha concluído con poco provecho de Perú.

Pude en aquella ocasión convencerme con mis ojos, por los restos de las aves, y por los huevos transformados en gua­no, hallados de materia orgánica, es realmente formada de excrementos de aves marinas acumuladas lentamente duran­te muchísimos siglos y, por con­siguiente, que no tiene origen misterioso e hipotético que ha querido darle recientemente un viajero alemán..." (Cool

La correspondencia entre Raimondi y Alejandro Arrigoni (9) es bastante elocuente para apreciar el trato inhumano que se les infligió a los chinos. Arrigoni escribió a Raimondi el 26 de febrero de 1853: "En las tardes les curo las espaldas abiertas por los látigos a estos pobres desdichados y al día si­guiente en la mañana vuelvo a curarle las mismas heridas abiertas nuevamente por el látigo...". "Los víveres que consu­mimos en el Hospital son bas­tante apreciables: galletas, car­ne salada, tocino,arroz, frijoles, harina, manteca, azúcar, cacao, ají y vinagre. Todo ésto, en los primeros días, era de buen sa­bor: pero al poco tiempo el to­cino y la carne salada empeza­ban a tener un sabor a rancia, las galletas se agusanaban y los frijoles se llenaban de gorgojos. La dieta diaria de los chinos era elemental: arroz y pescado".

Un testigo de la vida en las islas de Chincha fue Ricardo Palma, quien tenla 19 años de edad en ese entonces. Palma recibió su nombramiento de oficial 3º del cuerpo político, el 7 de febrero de 1852, día de su cumpleaños, pero recién se embarcaría el 13 (16 en otros documentos) de marzo del año siguiente en la goleta "Libertad" de estación en las islas de Chin­cha (10). Ostentaba el cargo de contador que lo asumió a partir de octubre de 1853, en remplazo del oficial del mismo grado de nombre José Ezeta. Mientras Ezeta esperaba un nuevo des­tino, Palma tuvo que desempe­ñar otras tareas en el bergantín "Libertad" como el de coman­dante de la nave en algunas veces.

El gobernador de las islas era el capitán de fragata Pedro José Carreño. Las Islas de Chincha eran tres y se las iden­tificaba como la del Norte, la del Centro y la del Sur. Situadas frente a Pisco, distaban de tierra aproximadamente dieciocho ki­lómetros. En los correspondien­tes derroteros, que sobre la costa del Perú escribieron Aurelio García y García en el siglo pa­sado y Rosendo Melo en los primeros años del presente, hay información muy apreciable sobre ellas. Una flotilla de botes, balandras y lanchas‑cis­ternas las surtía de agua que llevaban desde Paracas y los víveres se cargaban en Tambo de Mora.

La peonada, constituida por chinos traídos desde la colonia portuguesa de Macao (de allí el mote de "macacos"), realizaba su tarea de palear las deyec­ciones de las aves en condicio­nes infrahumanas desde las primeras luces del alba hasta el atardecer (11). El penetrante olor a amoníaco del guano era in­soportable, a lo que se unía el sol calcinante, el mal trato de los capataces peruanos y el ensañamiento inusitado de los caporales chinos (cuchillos de sus hermanos de raza) y la mala comida (12). Muchos culíes, para librarse de ese infierno, como ya lo dijimos, optaron por el sui­cidio. Las islas servían además como lugar de reclusión: "En el presidio establecido en la Isla Norte se encuentran más de doscientos rematados, gente inmoral de suyo y con la que es preciso ejercer la más activa vigilancia" ‑decía el coman­dante de las islas a la jefatura superior del departamento de marina del 7 de noviembre de 1853 (13). Las enfermedades comunes de todos los días, eran bronquitis, reumatismo y diarreas.

Todo eso, sin duda, fue visto por don Ricardo Palma, quien estuvo en las islas de Chincha hasta el mes de marzo de 1854, en que lo trasladaron a la Co­mandancia General de Marina en calidad de amanuense. Sin

embargo, de aquella época no quedó recuerdos en sus Tradi­ciones. ¿Por qué, ni aún con el correr de los años, no dijo algo al respecto?

Las protestas sobre el trato a los chinos empezaron a pre­ocupar en las relaciones inter­nacionales del Perú con China. En 1857 ocurrió un aconteci­miento que originó un conflicto diplomático. La barca nacional "Carmen" era capitaneada en marzo de 1857 por el italiano Luis Camagli, desplazaba 343 toneladas y era propiedad de Pedro Denegri, dueño también de la "Petronila" y de la "Santiago" y del bergatín‑goleta "Carolina", embarcaciones utilizadas para el tráfico de culíes al Perú. El 9 de ese mes naufragó en su tra­vesía de Suatao al Callao, con 260 chinos contratados para trabajar en las haciendas costeras, según el informe del cónsul en Hong Kong, Nicanor Tejerina, publicado en las pági­nas de "El Comercio", el 18 de julio de 1857.

La embarcación se fue al fondo del mar no a causa de vientos fuertes ni de temibles temporales sino por un voraz incendio provocado por un gru­po de culíes. Leamos cómo fue la tragedia: "El domingo 8 de marzo a la altura de la gran Natunas, de 7 a 8 de la noche, el intérprete advirtió al capitán que los culíes proyectaban una revuelta e intentaban tomar el buque (pero) fueron forzados a descender al entrepuente. A la mañana siguiente entre siete y ocho culés subieron a cubierta y permanecieron tranquilos hasta que la tripulación fue a almorzar. Algunos chinos fue­ron al lado de la proa y derra­maron una cantidad de paja encendida en la bodega, la cual cayó en las camas (colchones de paja). La tripulación se armó rápidamente y los chinos fueron forzados a bajar al entrepuente. El capitán procuró arrojar fuera de su bordo la pólvora del bu­que y entonces se contrajo a extinguir el fuego cerrando las escotillas; pero todo fue en vano: las llamas se apoderaron rápi­damente de todo el buque, per­mitiendo únicamente echar al agua dos botes. El capitán, oficiales de mar y tripulación, en total catorce, y siete pasaje­ros, habiendo podido recoger algunas armas, pero sin agua ni provisiones, abandonaron el buque". Luis Camagli, el capi­tán, al volver a la nave en uno de los botes, no para abrir las escotillas y liberar a los chinos, sino por algo que sirviese de velas, encontró la muerte al caerle los palos de unaj arcia y desapareció entrampado en su propio in­fierno. Con él sucumbieron tres chilenos, dos italianos, un griego y cuatro personas más. No era un caso aislado. Todos los ca­pitanes fueron siempre arbitra­rios, impusieron su propia ley y eso les ganó el odio de su carga humana. En el otro bote se salvaron el piloto, cuatro tripu­lantes y siete pasajeros, entre ellos los peruanos Atanasio Candamo, Manuel Rivera y To­más Collazos. Todos los chinos perecieron.

EL ACCIDENTE DEL "MARILUZ"

A pesar de las protestas el Gobierno continuó permitiendo la formación de empresas desti­nadas al tráfico de culíes al Perú. Los chinos llegados al Perú entre 1855 a 1874, año en que se suspendió temporalmente, fueron (14):

1855 ‑ 59 2,964

1860‑ 64 14,738

1865 ‑ 69 21,639

1870 ‑ 74 48,039

En mayo de 1872. partió del Callao el barco peruano "Mariluz" con destino a Macao, con el objeto de traer 255 culíes para las haciendas del Norte. Debido a una tormenta, la mencionada nave fletada por Emilio Althaus sufrió una grave avería el 10 de julio de 1872, teniendo que efectuar una escala obligada en Yokohama, en te­rritorio japonés. El trato para los culíes era inmisericorde, morían un tercio en el trayecto. Uno de ellos escapó y se refugió en una nave británica, en donde solicitó ayuda, protección y amparo. El Encargado de Nego­cios de la Gran Bretaña, por denuncia del comandante del barco inglés, gestionó ante las autoridades japonesas una in­vestigación para llegar a la ver­dad en cuanto a la grave de­nuncia del chino evadido. Se estableció que las condiciones eran insuficientes y atentatorías a la vida y en consecuencia se determinó que los culíes se en­contraban en libertad para abandonar el "Mariluz".

Nuestros asuntos en el Ja­pón estaban en manos de la Legión Norteamericana. Por este motivo, el Encargado de Nego­cios Estadounidenses comunicó los hechos al Gobierno Peruano. El presidente Manuel Pardo decidió enviar una Misión Di­plomática al mando del Coman­dante García y García. Este llegó con diez representantes a Yokohama y, el 3 de marzo de 1873, presentó en Edo (Tokio) sus credenciales al Emperador Meiji, llamado Ten Ho, el "Hijo del Cielo". A la presentación de las credenciales al Emperador se realizó un acto significativo en el puerto de Karuhue, donde por primera vez se izó la bande­ra peruana y se tocó el Himno Nacional en el Japón. Esta ce­remonia tuvo su similar el 19 de octubre en el Callao, donde también se izó la bandera japo­nesa y se dejó escuchar el Himno Imperial del Japón.

Las negociaciones se cen­tralizaron en dos puntos: la solución del problema del barco "Mariluz" y la firma de un tra­tado pennanente de paz, amis­tad, comercio, navegación y re­laciones diplomáticas con el Japón.

Para el "impasse" del barco, se firmó un protocolo que so­metía el mencionado problema al arbitraje del Zar de todas las Rusias, quien debía señalar si el Japón se excedió o no en la actitud adoptada. Las negociaciones tuvieron lugar en San Petersburgo. Nos representó el diplomático José Antonio Lavalle. Dos años después, en 1875, el Zar dio su fallo. Por razones humanitarias, el Japón había cumplido con liberar a los culíes. El Perú aceptó plena­mente el fallo.

El Comandante García y García terminó su misión con la firma de un Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navega­ción, que establecía represen­tantes diplomáticos en ambos países. En cuanto a las impor­taciones y exportaciones mu­tuas, se aplicaría la cláusula de la nación más favorecida. Ambas naciones se reconocían iguales derechos, privilegios e inmuni­dades y las ciudades y puertos estarían abiertos a los barcos de ambos países, facilitándose el intercambio comercial.

LA YAPA Y EL ENGANCHE

La suspensión del tráfico de culíes al Perú significó un gran problema para los hacendados. Cualquier hacendado tenía aún el trauma generado durante dé­cadas por la ausencia o escasez de mano de obra. Para evitar la crisis intentaron mejorar las condiciones de trabajo de los culíes. Primeramente, cuando los hacendados se dieron cuenta que muchos chinos cumplirían sus ocho años de trabajo crea­ron la "yapa".

La "yapa" era el tiempo aña­dido que, por lo general, era de seis meses, a los ocho años a los que estaban obligados los chi­nos. Se justificaba diciendo que durante los años que los culíes estuvieron en la hacienda pudo ocurrir que faltaron al trabajo algunos días por distintos mo­tivos y en consecuencia con la yapa cumplían a cabalidad sus ocho años. La mala imagen in­ternacional del Perú se incrementó cuando un hacen­dado norteño marcó con hierro candente a 48 inmigrantes chinos. El gobierno tuvo que decir que la denuncia era falsa.

Se dispuso partidas especiales para publicar en Europa la venida de inmigrantes al Perú. Con esa finalidad el presidente Mariano Ignacio Prado, 1876-­1879, llevó a cabo el Plan de la "Sociedad de Inmigración Euro­pea" diseñado en 1872 por el presidente Manuel Pardo.

El Plan de Pardo tenía como finalidad incrementar la pro­ducción a través de la recupera­ción de tierras, en abandono o descuidadas, para el cultivo, así como nuevos proyectos de irrigación para aumentar áreas de cultivo, con energía de traba­jo importada. La Sociedad tuvo cinco comités y debía controlar la inmigración en las áreas de procedencia: a) Reino Unido: b) Francia, Bélgica, Suiza; c) Ale­mania, Austria, Holanda: d) Suecia, Noruega, Dinamarca; y e) Italia, España, Portugal.

La Sociedad de Inmigración asumía el costo del transporte en barco desde el puerto de origen hasta el Callao. Existía la libertad de trabajo que ellos deseaban. Si se presentaba di­ficultades, la Sociedad les debe­ría ayudar auxiliándolas a tra­vés de la Casa de Asilo durante ocho días. Los inmigrantes de­bían gozar de buena salud, re­putación y no superar la edad de 55 años. La Sociedad acogió cerca de 3,000 inmigrantes, la mayoría italianos hasta finales de 1875. El costo total de la operación para el Estado fue de 6'000,000 de soles.

Sin embargo, en la agricul­tura los hacendados prefirieron a los culíes y no dieron opor­tunidad a los inmigrantes euro­peos dado el gasto que deman­daba sus servicios.

A partir del tratado de Tienen Rsin, firmado en 1874, el Perú y China establecieron relacio­nes diplomáticas. Los hacenda­dos creyeron que el tráfico se reiniciaría rápidamente pero éste se volvió imposible. A fin de evitar su ruina, crearon una ficción jurídica, el "recontrato" o "enganche".

Aquel culí que lo deseaba podía volver a contratarse en las mismas condiciones que antes pero con una diferencia muy atractiva para los chinos: la cantidad de dinero que por el contrato recibieron antes los traficantes de semi‑esclavos asiáticos se les entregaba en proporción al tiempo de recontrata que habían aceptado. Esto permitió a los hacendados continuar tranquilos durante algunos años sin que renaciera el trauma de escasez de "bra­zos".

Al recontratarse un culí, el hacendado pagaba la octava parte de lo que había pagado por los ocho años del contrato inicial con el chino. El interme­diario desaparecía. Ese adelan­to significó aproximadamente un real por cada día del año. Ese "inmenso" monto de dinero ade­lantado posibilitaba salir de la hacienda a los trabajadores chinos una vez que llegaba el momento de su libertad, pues abría el camino para incursionar en otras actividades. En espe­cial, ingresaron en el pequeño comercio en los pueblitos próxi­mos a las haciendas costeñas.

La guerra del 79 al 83 des­truyó la economía nacional y las haciendas quedaron arruinadas.

FIN DE LA ESCLAVITUD

Preocupado el Gobierno Chino por la suerte de sus connacionales, decidió enviar una comisión para investigar con las autoridades peruanas la condición de los culíes. En 1887 se creó una comisión mixta compuesta por representantes del gobierno peruano y del impe­rio chino. La comisión visitó las haciendas de varios valles cos­teños. Estuvo presente en Cañete, Huaura, Supe, Pativilca, Ica, Pisco, Palpa, Nazca, Santia­go, Santa, Nepeña, Zaña, La Leche, Jequetepeque, Santa Catalina (Trujillo) y en dos ha­ciendas cajamarquinas, donde también trabajaban chinos. No pudo ingresar a la hacienda del valle Chicama, con excepción de Tulape, propiedad de la familia Larco, porque los dueños se opusieron.

La comisión comprobó que muchos chinos ya no estaban en condición de contratados o recontratados, pues había transcurrido mucho tiempo desde que concluyeron los pla­zos de trabajo.

Al no poder pagar los hacen­dados un mayor incremento de sueldo dejaron a los trabajadores chinos. Algunos hacendados tuvieron que dar lotes de terre­no a sus ex‑trabajadores por no poder pagarles o trataron de revivir la institución del "yanaconaje" con la población campesina de la sierra.

Luego de la Guerra del Pa­cífico, la situación fue diferente en la agricultura costeña, generándose una masiva migra­ción interna de campesinos de la sierra hacia la costa que ori­ginó un precio más cómodo para el hacendado. Por ello, el tra­bajador chino fue dejado de lado. A fines del siglo XIX, la presencia china en el campo era mínima. Su presencia en las ciudades es otra historia.

*Ex director del Museo Raimondi de Lima

NOTAS

1. Castro Mendoza, Mario. "La Marina Mercante de la República", Lima. 1980.

2. El Comercio, Lima 5 de octubre de 1851. pág. 2: "Saludamos con placer al ilustre guerrero, sostenedor de

la independencia de la República del Uruguay por la feliz llegada a esta capital".

3. Francisco Dabadie. "Episodios inéditos de la vida de Garibaldi" en la Revue Francaise, 10 de julio de 1859. pag. 509.

4. Garibaldi, Vittotio Emanuele, Cavour. Nel Fatti Della Patria ‑ Bologna ‑ Zanichelli. 1911. Facsímil del diploma signado con el número 10 pág. 24. Documento actualmente en poder del Museo del Risorgimento de la ciudad de Milán.

5. El 6 de diciembre 1851. Garibaldi tuvo la famosa pelea con el francés Ledos. El Comercio. 10 de diciembre de 1851. pág. 3, col. 4.

6. Durante el tiempo que navegó en el "Carmen" Garibaldi llevó un diario a bordo. Actualmente el diario se encuentra en el "Archivo de Estado de Palermo" (A.S.P.). Archivo 1, número 202.

7. Garibaldi partió definitivamente del Perú el 31 de octubre de 1853.

S. Antonio Ralmondi. El Perú. Mis primeros viajes. Parte preliminar, tomo I. capitulo I, 1874.

9. El Dr. Alejandro Arrigoni, amigo de Raimondi, arribó al Perú en compañia de Raimondi el 28 de julio de 1850. Murió en Lima en 1895.

10. Libro copiador Nº 47, folio 636, Escalafón de Marina. Libro copiador Nº 693, folio 192, Goleta "Libertad" 1853, Documentos 38 y 40 del Museo Naval.

11. No sólo en las Islas de Chincha. También se les explo­taba en los depósitos de Pabellón de Pica y Punta Lobos, incluso cuando ya se protestaba por tanto abuso.

12. ídem 10.

13. Goleta "Libertad" 1853. Comandancia General de Marina.Documento Nº 8. folios 12 y 13.

14. Humberto Rodriguez Pastor, "Hijos del Celeste Imperio en el Perú" (1850‑1900), p.26, 1989.

Volver arriba

Ver perfil del usuario

Invitado




MensajeVie Nov 28, 2008 6:04 pm

Responder citando


Un combatiente en Miraflores(memorias)


Volver arriba

LEGIONARIO88
Forista


Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeSab Nov 29, 2008 5:08 pm

Responder citando


Toda esa vaina de traer gente de afuera fue consecuencia de darles libertad a los negros que no sabían que hacer ante la sociedad y se dedicaban a delinquir en ves de trabajar y ante tales catástrofes no tuvieron mas remedio que traer gente de Asia para trabajar aca y como supuestamente hubo abusos se aprovecharon para después ponerse del lado inglés en la Guerra con la falsía de ''libertad'', eso nunca se cumpió y alla los pobres chinos eran mas maltrados que acá.

Volver arriba

Ver perfil del usuario

Mostrar mensajes anteriores:   

Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice de Foros de ConocimientosWeb -> Actualidad Social Todas las horas están en GMT
Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8
Página 8 de 8

 
No puede crear mensajes
Puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas
 


Derecho Romano Pornografía infantil en la red Nti cd & dvd maker- error 1% - tuneUp utilities Cuál es el país mas corrupto de Latinoamérica!!!
Creado con phpBB - ConocimientosWeb.net - Educación no Formal - Diario Tecnológico - Curso Manual Tutorial

Centro de intercambio de conocimientos donde es posible encontrar un(a): consejo guía truco debate polémica manual curso información resumen programa noticia entre otras cosas.