Pues Marilanin, tus raíces están en uno de los lugares más entrañables y queridos para todos los asturianos y españoles, en general. Ni más ni menos que en Cangas de Onís, la capital del Reino de Asturias, donde nació España. Todos hemos pasado por Cangas de Onís una y mil veces cuando vamos de camino a Covadonga. Todos, creyentes o no, nos sentimos atraídos por Covadonga, por la Santina, por la majestuosidad del entorno, por los Picos de Europa, por los lagos Enol y Ercina, por revivir la gesta de Don Pelayo contra los moros. De Don Pelayo, seguro que todos los asturianos hemos heredado algo: no somos fáciles de vencer por las adversidades ni aquí, ni en América ni en otras partes. Tú bien lo sabes por la abuela.
Es cierto, estaría orgullosa de ver que su Asturias ha cambiado mucho para bien, que en los pueblos y aldeas existen todas las comodidades modernas para vivir o para pasar unos días de descanso. Que las viejas casas de piedra en los pueblos se están rehabilitando para el disfrute de turistas y visitantes. Que los hijos de cualquier agricultor, minero u obrero del pueblo más remoto pueden estudiar en la Universidad de Oviedo, en Madrid o en el extranjero. Que ya nadie tiene miedo al ver a un guardia civil, sólo si conduces y has bebido o vas a más de 120 km/h Que los "señoritos" a quien había que tratar de "Don" y que se creían los amos del pueblo han tenido que adaptarse y agachar la cabeza. Que en todas las localidades hay centros de salud, clínicas y hospitales al alcance de todos. Sí, creo que estaría muy contenta de ver Asturias tal y como es hoy.
Pero yo, como asturiano, también estoy orgulloso de ver lo que nuestros emigrantes han aportado a sus países de acogida, cómo han hecho suya la tierra que les acogió sin olvidar las raíces. Y todo ello partiendo desde cero, únicamente a base de trabajo y tesón, dejando siempre bien alto el nombre de Asturias y España. Como decía la canción: "Asturianos de la tierra, gente noble y leal, con bravura y entereza..."
Al igual que Galicia, Asturias, nunca estará al completo sin sus emigrantes.
Hoy Cangas de Onís es todo esto: El Puente Romano La iglesia de Santa María con la estatua del Rey Don Pelayo El Ayuntamiento la Plaza del mercado El Parador de Cangas de Onís Edificio del Torreón
Qué maravilla!! Vox: Gracias por exponer estas fotos!
Parece un lugar apacible.Es bello y sobre todo es asombroso que se hayan salvado tantos monumentos, y ese puente romano es una pintura .
Sé, que el pueblo fue practicamente destruído, o sea se reconstruyó muchísimo.Esta precioso.
Con respecto a los migrantes, ¿sabías que muchas familias de allí sacaban a sus hij@s más jóvenes , tan sólo porque así quedaría una prueba d ela existencia d e la familia?.....No fue sólo migración por razones económicas, también fue la necesidad d e que alguien de ellos sobreviviera, .
Distinto sin embargo fue en Galicia, de donde hace poco un amigo me envió un libro desde Pontevedra (pueblo de uno de mis abuelos) "Pontevedra en el espejo del tiempo" de Xosé Forte.donde relata historia y habla de las clases de migraciones, y en donde se dio, sí por causas económicas fundamentalmente.situación que marcó y mucho el carácter del gallego en el exilio.
Sin embargo muy diferente es la migración asturiana.
Donde note que se daban más sentimientos encontrados, entre el deseo de rehacer la vida económica , pero estaba bastante teñida de sentimientos patrios.
No significa que el gallego no los tuviese, pero se notaron más fuertemente en el asturiano.
Aunque para ambos el destierro forzado fue muy penoso.
De hecho mi abuela vistió ropas oscuras toda su vida.
Gracias Vox, me has emocionado.
María
Tienes razón, la situación de Asturias y Galicia no era exactamente idéntica. Es cierto que en Asturias se pasaban penurias en algunas zonas rurales, pero en general la situación era mejor que en Galicia.
Asturias, en la época de las grandes migraciones hacia América, ya empezaba a tener un industria minera y del metal importante. Las ciudades industriales como Gijón y Avilés, y las cuencas mineras de Langreo y Mieres atraían a trabajadores de las zonas rurales. Así fueron germinando y creciendo los movimientos obreros que culminarían en la Revolución de octubre del 34.
La industria asturiana atrajo también a muchos gallegos y hoy en día en las cuencas mineras y en Gijón y Avilés hay gran número de personas cuyos padres o abuelos provenían de Galicia. Obviamente, hoy todas esas personas, aunque conservan familia en Galicia o poseen allí alguna vivienda, se sienten plenamente asturianos.
Sin embargo, en la misma época, Galicia seguía siendo una región casi exclusivamente agrícola, salvo en la costa. Era una región con muchas carencias, por no decir atrasos. Sin apenas industria y con una agricultura de supervivencia, había pocas perspectivas de futuro.
Esos factores influenciaron a la sociedad. Mientras que la sociedad asturiana con sus movimientos obreros empezaba a ser más "progresista", en Galicia la gente era más conservadora y seguía anclada en viejas costumbres que le impedían modernizarse. Afortunadamente, hoy Galicia está a años luz de lo que fue y en esa región se asientan grandes grupos empresariales y está en la vanguardia en los sectores pesqueros, de investigación sobre recursos marítimos, en industria textil y es una región puntera en el mundo en la producción de energía eólica, además de contar con universidades y centros de investigación de prestigio.
Pero creo que tienes razón en que la emigración gallega se vio más forzada por cuestiones económicas que la asturiana.
Además también está la diferencia en el carácter. Aunque vecinos, asturianos y gallegos somos diferentes. Los gallegos son más reservados que los asturianos. Es mucho más fácil entablar amistad con un asturiano porque al asturiano le gusta explayarse, a veces discutir o exagerar las cosas. El gallego en cambio es más proclive a aislarse. Diría que más indepeniente. Por lo que me contaron, los gallegos que emigraban no buscaban a toda costa juntarse con otros compatriotas o traer a la esposa e hijos que se habían quedado en Galicia. Simplemente se habían propuesto como meta trabajar y trabajar para mejorar su situación económica.
Y yo diría que en el caso de los asturianos, la primera motivación era también mejorar de vida a base de duro trabajo pero también un cierto reto y una fascinación por irse a "hacer las Américas".
Ahora toca escuchar un poco de música en asturiano. Esta canción es de un grupo llamado Llan de Cubel y cuenta la nostalgia que se siente cuando estás lejos de casa, en tierras extrañas y recuerdas la casa de piedra gris en la que vivías en la aldea. Pongo la letra en asturiano y castellano. La Casa Gris - Llan de Cubel
La Casa Gris (asturianu)
Per debaxo la ponte
yá nun pasaba l'aire,
que l'agua fexo'l camín
abandonando'l valle.
Y sentí al fríu nordés,
sí, como llora l'aire,
como los nenos nel mar
ente suaños de sable.
Siempre veré
tres de la mar
la casa gris
na señaldá.
Siempre taré
cao del mio llar
na casa gris
del mio cantar.
Al mirar morrer el sol
na cumbrera del puertu,
vi soledá nel camín
mientres durmía'l vientu.
Al final nun hai camín
que lleve'l sol a casa.
Queda namái soledá
naquella ingrata patria.
Lletra: Ignaciu Llope.
La Casa Gris (castellano)
Por debajo del puente
ya no pasaba el aire,
que el agua hizo el camino
abandonando el valle.
Y sentí el frío viento del norte,
sí, como llora el aire,
como los niños en el mar
entre sueños de arena.
Siempre veré
tras la mar
la casa gris
en la nostalgia.
Siempre estaré
cerca de mi hogar
en la casa gris
de mi cantar.
Al mirar morir el sol
en lo alto del puerto,
vi soledad en el camino
mientras dormía el viento.
Al final no hay camino
que lleve el sol a casa.
Sólo queda soledad
en aquella ingrata patria.
Otra canción del grupo Llan de Cubel. Cuenta la historia del Río Esva que se lamenta porque ve que en Asturias se van perdiendo las costumbres y el idioma asturiano. Y eso lo escribió un cura en 1928...
Rigu Esva - Llan de Cubel
Rigu Esva (asturiano)
Rigu Esva, rigu Esva,
l'augua túa nun yá pouca,
peru tu cuasi nun cantas
ya la voz traisla bien rouca.
"Anque you nun sou de llonxe,
rendíu ya afanando vengo,
que fai yá sieglos que corro
ya encima gran pena tengo.
Duelme'l ver que la tierrina
se fai cada vez más mala,
ya de las mías mocedades
nun-y queda güei nin la fala.
Días los días d'entoncies!
Homes los homes d'antanu!
Falaxe'l qu'ellos falaban,
todu dafeitu asturianu!
Güei que crucio estrañu suelu
mueiro de malencolías;
¿Áu tán los mieus asturianos?
¿Áu tán las Asturias mías?
L'augüina mía chorosa,
ensin gracia pa cantare,
vei triste ya amargurida
cumu'l corazón del mare."
Asina respondéu L'Esva
con un quixúme fondu,
ya you quedéime chorando
ya inda nun choréi abondo.
Lletra: Padre Galo Fernández.
Río Esva (castellano)
Río Esva, río Esva,
tu agua no es poca,
pero tú casi no cantas
y la voz la traes bien ronca.
"Aunque yo no soy de lejos
cansado y agitado vengo,
que hace siglos que corro
y llevo encima una gran pena.
Me duele ver que la tierrina
cada vez se vuelve peor,
y de mi juventud
no le queda ya ni el habla.
Días los días de entonces!
Hombres los hombres de antaño!
Idioma el que ellos hablaban,
todo siempre en asturiano!
Hoy que cruzo un suelo extraño,
me muero de melancolía;
¿Dónde están mis asturianos?
¿Dónde están mis Asturias?
Mi aguita llorosa
sin gracia para cantar
va triste y amargada
como el corazón del mar."
Así respondió El Esva
con un hondo quejido,
y yo me quedé llorando
y aún no lloré bastante.
Marilanín, como sé que te gusta Rosalía de Castro te pongo este poema titulado "Negra sombra". Y además para unir gallegos y asturianos, la voz la pone la cantante Luz Casal, de padres gallegos pero que se vinieron a vivir a Asturias cuando ella tenía sólo 6 meses.
Para echarse a llorar...
Negra Sombra (en gallego)
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan es ti que cantas;
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río,
i es a noite i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min y en min mesma moras,
nin me dexarás ti nunca,
sombra que sempre me asombras
Rosalía de Castro
Negra sombra (en castellano)
Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales
vuelves haciéndome burla.
Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te muestras,
y eres la estrella que brilla,
y ere el viento que sopla.
Si cantan, eres tú quien canta;
si lloran, eres tú quien llora,
y eres el murmullo del río,
y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás, y lo eres todo,
para mí y en mí misma vives,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.
El asturiano José Menéndez, "Rey de la Patagonia"
El más conocido y mundialmente famoso emigrante mirandino es sin duda don JOSÉ MENÉNDEZ, apodado "el rey de la Patagonia". “Nace en la parroquia de Miranda, entonces filial de san Nicolás de Avilés, el día 2 de noviembre de 1846 en una casa de aldea, sita en el barrio de Miranda. Fue uno de los siete hermanos que tuvo el matrimonio Manuel Menéndez-Cañedo Álvarez, natural de Peñaflor, Grado, y de María Menéndez Granda, natural de Miranda, conocidos en el pueblo por el mote de "Los Zancos".
Cuando contaba apenas dos años, su padre lo llevó a casa de un tío materno llamado José Menéndez Granda que ejercía de maestro en Ventosa, (Candamo), para darle una mejor instrucción primaria pero con el compromiso de traerlo a casa al menos dos o tres días cada mes.
Allí pasó su infancia hasta que a los 11 años sus padres, contra la voluntad del tío que veía en el niño grandes dotes para el estudio, lo dejaron en Miranda definitivamente por serles necesario en la cuida del ganado, aunque respetando en lo posible la asistencia escolar.
A la edad de trece años sus padres le dan permiso al fin para embarcarse. Durante seis meses lo envían a Avilés a otra escuela pagando por las clases "la importante suma, en aquellos tiempos, de un duro al mes".
A mediados de 1860 se anuncia la salida del puerto de Avilés con rumbo a Cuba de "La Francisca", un velero que desplazaba 800 toneladas. El precio del pasaje era de 45 duros, que se podían pagar a plazos.
A los cuatro meses, y por el mismo barco que le había llevado a Cuba, reciben sus padres la primera carta en la que manifestaba haber hecho un viaje feliz que duró 45 días. La carta anduvo de pariente en pariente durante algún tiempo puesto que la segunda ya se hizo esperar más.
No sabemos a ciencia cierta cual fue la razón para desplazarse a Buenos Aires hacia 1866 donde hace de tenedor de libros en la ferretería de Corti Riva & Cía. y a la vez en la de Etchart & Cía ambas ferreterías especializadas en efectos navales.
Durante estos años conoce a una joven uruguaya. Contrae matrimonio el día 19 de marzo de 1873, festividad de san José, en el templo de La Merced. Doña María Behety Chapital, la joven esposa contaba 20 años y José Menéndez 27.
La llegada definitiva a Punta Arenas tiene lugar en 1875. Entre los comerciantes instalados en la región y con quienes empezó a relacionarse debemos recordar al asturiano José Montes, natural de Mieres, que fue quien le acompañó en el primer viaje a Miranda.
En 1877 tiene lugar un hecho trágico para toda la colonia y de modo especial para la familia Menéndez-Behety, hecho que se le conoce como "la sublevación de los artilleros". Los almacenes de bebidas fueron saqueados, los edificios incendiados, únicamente se salvó la iglesia. La esposa de José Menéndez corrió a refugiarse con sus tres hijos a casa de los esposos Aubry, dueños de una panadería. Muchos eran los que habían buscado este refugio.
José Menéndez se hallaba durante la revuelta en viaje de gestión comercial en Montevideo. Cuando regresó, terminada la asonada halló que su casa estaba totalmente destruida, sus hijos llenos de terror y a su mujer habían tenido que amputarle la pierna para salvarle la vida. En Punta Arenas había nacido María, que, de resultas de aquellos días vividos a la intemperie y deficientemente alimentada, enfermó y, cuando apenas contaba nueve meses, falleció.
En 1879 Julio Argentino Roca, ministro de la Guerra argentino declara la llamada "guerra del desierto" con lo que el territorio de Chubut pasa a ser territorio de la República Argentina.
En 1880 después de varias tentativas frustradas Menéndez compra una partida de 500 lanares procedentes de las Islas Malvinas a un tal Marius Andrieu y la sitúa en un erial de san Gregorio. Desconocemos los detalles del ensayo pero con esta adquisición se puede afirmar que empieza el despegue económico de Menéndez.
La primera estancia argentina fueron los terrenos que el estado había concedido al célebre explorador del desierto de Tierra de Fuego, Popper, pero habiendo fallecido inesperadamente sin poder poblarlas como exigía el contrato con el gobierno, son compradas por José Menéndez. Con ello dispone de pastos de invierno y de verano en proporción adecuada para salvar la vida, lana y carne de las ovejas haciendo rentable su explotación.
En pocos años levanta en san Gregorio 42 edificios de todo tipo, construye sobre el mar un muelle de 200 metros, un tenderal para 10.000 cueros, una línea férrea de 14 km, una aguada artificial, baños de ovejas, graserías, etc.
Importó ovejeros de las Islas Malvinas, de Escocia y Nueva Zelanda los cuales conocían a la perfección los secretos del oficio. Poco a poco las pampas se van poblando de miles de ovejas o "guanacos blancos" como vulgarmente se decía. En 1905 envía a su hijo José a Australia, una vez concluidos los estudios de Humanidades en Montevideo, para perfeccionarse en temas ovinos.
A su muerte en San Gregorio se contabilizaban más de 140.000 cabezas.
José Menéndez, que se relacionaba bastante con monseñor Fangnano, estaba muy al tanto sobre las tierras que ahora quería comprar y hacia ellas se dirige el día 25 de noviembre de dicho año 1894. En una Memoria presentada anota: "Estas tierras resultan pastosas en alto grado, bien aguadas, accidentadas, abrigadas, buenas y hasta magníficas, con lugares espléndidos..." .
Empezaba a ponerse en marcha sobre una superficie de 80.000 hectáreas, la planificación y explotación de la Primera Argentina, nombre con que bautizó este primer ensayo de colonización en tierra de Fuego y que luego se llamaría José Menéndez
Al buen sentido comercial e industrial unía el discernimiento de las personas. Amabas condiciones hicieron posible el éxito conjunto de la empresa con la promoción de sus dependientes en todos los estratos del trabajo. Así fue como asomaron y progresaron capataces, administradores, habilitados, gerentes y flamantes propietarios salidos casi de la nada. Tenía buen ojo para descubrirlos en cualquier parte, apreciaba mínimos pormenores que le indicaban sus valores personales, les entregaba responsabilidad y luego los seguía discreta pero continuamente...".
Una de metas propuestas por Menéndez era el tener pastos abundantes que él iba adquiriendo mediante la compra de lotes de terreno que el Estado había cedido en recompensa por servicios a militares, marino y soldados. En 1899 se hace con nuevos lotes al norte y sur del Río Grande para ampliar con los del sur la Primera Argentina fundada hacía años y con los del norte formar una nueva estancia que llamaría Segunda Argentina, hoy María Behety. Esta estancia es considerada la mayor y mejor, la más valiosa de todas las que tenía según propia confesión pues llegó a alcanzar las 144.173 hectáreas, 36 áreas y 43 centiáreas.
La industria ganadera, que sumaba la respetable cifra de ciento cuarenta mil cabezas de ganado lanar, había empezado treinta y tres años antes en 1878 con la adquisición de aquellas 500 ovejas importadas desde las Islas Malvinas y que trató de aclimatar en un erial junto a la bahía de san Gregorio a 120 km. de Punta Arenas. De ese modo dio comienzo la explotación conocida por el nombre "Menéndez Behety" fundada con 800.000 Libras, constituida sólo por miembros de su familia y que ha sido modelo de organización para cuantos han pasado por allí. A la muerte de José alcanzaba el millón de ovejas.
Funda en 1911 y preside la Sociedad Importadora Exportadora de la Patagonia S.A." en Punta Arenas, con un capital inicial de cinco millones de pesos. El año 1940 contaba con más de veinticinco sucursales bancarias y mercantiles en todos los puertos de la Patagonia y Tierra del Fuego teniendo su sede central en Buenos Aires.
Su primer barco fue un velero de nombre "Rayo" y un vapor de pequeño calado, el "San Gregorio" siendo el primero en iniciar el cabotaje de Tierra de Fuego y del Estrecho de Magallanes. Esto sólo fue el comienzo de aquella famosa empresa naviera "Menéndez Behety" a la que pertenecían medio centenar de vapores cuya primera letra debía ser una A en recuerdo de su tierra Asturias y Avilés.
Aunque sus viajes a la ciudad eran frecuentes no podía disfrutar como él quería de todas sus ventajas. Por eso decide la familia instalarse de nuevo y definitivamente en Buenos Aires para lo cual manda construir una hermosa morada en la calle Santa Fe, nº 3681. Allí dejará de existir doña María Behety a los 54 años el 24 de noviembre (¡qué mes tan aciago para nuestro indiano!) de 1908. De acuerdo con lo que ambos esposos habían convenido sus restos fueron enterrados en Punta Arenas.
A los setenta y dos años estando en Valparaíso se siente enfermo. Un quiste en el hígado le está dañando seriamente la salud, y zarpa de inmediato para su Buenos Aires, pero contraviniendo la voluntad de sus médicos quiere hacer escala en cada puerto de la Patagonia acaso como un último adiós a aquellas tierras que él amaba tanto y que gracias a su tesón alcanzaron extraordinario desarrollo.
José Menéndez, "el rey de la Patagonia", fallece en Buenos Aires el día 24 de abril de 1918, recibiendo sepultura en Punta Arenas tal como había sido su deseo, donde reposaban los restos de su esposa, fallecida el 24 de noviembre de 1908.
El gobierno español le otorga los títulos de Caballero de la Orden de Isabel la Católica, Caballero de la Real Orden de Carlos III, medalla de primera clase del Mérito Naval. Sin embargo declinó el ofrecimiento que se le brindaba de ostentar un título nobiliario.
Pedro Menéndez de Avilés, "El Adelantado de la Florida"
Pedro Menéndez de Avilés nació en 1519, en la villa asturiana de Avilés. Aún no había cumplido los 14 años cuando escapó de casa dirigiéndose a Santander, donde embarcó como grumete en una escuadra española que se disponía a zarpar para perseguir corsarios franceses. Todavía no tenía 20 años cuando, con un navío y 50 hombres, apresó a dos barcos piratas franceses, liberando a 60 prisioneros españoles.
En 1544, el corsario Jean Alphonse de Saintonge capturó, a la altura del cabo Finisterre, 18 embarcaciones vizcaínas, llevando sus presas al puerto de La Rochela. Pedro Menéndez de Avilés persiguió al pirata francés hasta dicho puerto, donde recuperó cinco de los barcos y abordó a la capitana pirata Le Marie, dando muerte personalmente al mismo Alphonse y a muchos miembros de su tripulación. Haciendo caso omiso de las amenazas del gobernador de La Rochela, Pedro Menéndez salió de allí con las presas capturadas. El emperador Carlos V le autorizó a continuar persiguiendo facinerosos, pudiendo quedarse con todo lo que les tomase. De este modo, Pedro Menéndez de Avilés limpió de piratas las costas cantábricas y gallegas. Su fama y valentía eran ya tan notorias que Carlos V le encargó que le condujese a Flandes.
A partir de 1552 se tienen noticias de que el avilesino comienza a realizar viajes al Nuevo Mundo comandando diversos buques. Dos años más tarde, Felipe II le nombró «Capitán General de la flota de las Indias".
En 1556 y 1561 conduciría sendas flotas al Nuevo Mundo. mediados de 1561, los 49 navíos que componían la Armada zarpan de Cádiz rumbo a las Indias. En el Caribe Pedro Menéndez divide la flota y manda a su hermano el Almirante Bartolomé Menéndez que lleve una parte a la ciudad panameña de Nombre de Dios, mientras él conduce el resto de los barcos a México.
Pedro Menéndez de Avilés tenía un hijo llamado Juan, que, en uno de sus viajes, naufragó a la altura de las Bahamas. Según creía su progenitor, Juan Menéndez, con otros españoles lograron salvarse y alcanzar la costa de La Florida, donde fueron capturados por los indígenas. Por ello, deseoso de encontrar a su hijo, había decidido ir al Nuevo Mundo para buscarlo. Pero al tener conocimiento de que el rey Felipe II preparaba una gran armada para expulsar a los protestantes hugonotes de La Florida, se ofreció para dirigir tal empresa, ofrecimiento que el monarca aceptó, pues el avilesino era el hombre más idóneo para llevar a buen fin tales planes.
Inmediatamente, Pedro Menéndez empezó a organizar una gran flota en los puertos de Cádiz, Gijón, Avilés y Cantabria. Su flota la componían 11 navíos, a bordo de los cuales iban 995 soldados, 117 labradores con sus familias y algunos religiosos. En las Canarias tenía que incorporarse la flota del Cantábrico mandada por Esteban de Alas. Según Solís de Merás, la escuadra en su conjunto constaba de 26 barcos y 2.646 personas, sufragando la mayoría de los gastos el propio Adelantado, invirtiendo cerca de un millón de ducados.
En Puerto Rico, Pedro Menéndez embarcó más hombres y diverso material, dirigiéndose sin más escalas a La Florida. El 28 de agosto de 1565 arribaron a sus costas y exploraron un puerto natural, que bautizaron con el nombre de San Agustín en honor al santo del día.
Los indígenas a quienes interrogó le indicaron que los franceses estaban más al Norte. Siguiendo la dirección apuntada, los españoles avistaron, el 4 de septiembre, a cuatro galeones franceses fondeados a la entrada del río San Juan. A unos cientos de metros de allí, río arriba, en Fort Carolina, estaban anclados otros siete barcos hugonotes de menor porte.
Luego de identificarse, Pedro Menéndez les invitó a que se rindiesen, recibiendo como respuesta risas burlonas e insultos. Pero los franceses, cuando vieron que los españoles iniciaban el abordaje, rompieron las amarras y huyeron a mar abierto. Toda la noche los persiguió el asturiano sin lograr darles alcance, regresando al puerto de San Agustín donde como primera medida ordenó edificar un fuerte en torno a una gran choza que les dio el cacique del lugar.
El día 16, tras dejar a su hermano Bartolomé como gobernador interino de San Agustín, se puso en marcha al frente de 500 soldados.
Como guías llevaba a dos caciques indígenas y a un francés prisionero que meses antes había estado en Fort Carolina.
En vanguardia caminaba el Adelantado al frente de 20 asturianos y vizcaínos abriendo con sus hachas y espadas camino por entre la intrincada selva. Las lluvias torrenciales habían sacado de madre a los ríos de la región, convirtiendo la zona en un continuo pantano. Después de cuatro días de fatigosa marcha llegaron a pocos kilómetros del fuerte francés, pasando la noche en un pantano cuyas aguas les llegaban por la cintura.
Al amanecer, una avanzadilla descubre Fort Carolina y liquida a los centinelas. Luego penetra en el recinto matando a quienes hallaba al paso. Minutos después, Pedro Menéndez entra con el resto de sus hombres ordenando tajantemente que se respete la vida a las mujeres y niños menores de 15 años. El alboroto en el patio del fuerte despertó a todos los piratas que se hallaban tranquilamente durmiendo. El alcalde de la fortaleza, René Ludonnière, y otros 60 hugonotes consiguieron, en la confusión, saltar la muralla y escapar con lo puesto a la selva. Los demás, unos 142, fueron muertos, salvándose solamente las mujeres y los niños, unos 70 en total. Los atacantes, por su parte, sólo tuvieron un herido.
En el fuerte conquistado, que los españoles bautizaron como San Mateo, se encontraba gran cantidad de armas, municiones y, sobre todo, gran abundancia de víveres y ropa, que tanto necesitaban los expedicionarios españoles.
Temiendo que en su ausencia el grueso de la flota de Jean Ribault atacase San Agustín, Pedro Menéndez, dejando el fuerte San Mateo al capitán Gonzalo de Villarroel con 300 soldados, emprendió el regreso a la recién fundada colonia. La vuelta fue aun más extenuante que la ida. Seguía lloviendo torrencialmente y la selva estaba completamente anegada. El ritmo que marcó el Adelantado fue tan acelerado que en tres días llegó a San Agustín, dejando a muchos de sus acompañantes rezagados.
El 10 de octubre llegó a San Agustín otro grupo de indios informando a los españoles que en el mismo sitio de antes se encontraba gran número de piratas. Pensando que quizá se tratase del mismo Jean Ribault con el resto de sus hombres, Pedro Menéndez se dirigió de nuevo hacia aquel lugar con 150 soldados. Ciertamente era este jefe pirata quien con 350 hugonotes pretendía convencer al asturiano para que los dejase pasar libremente, incluso le ofreció más de doscientos mil ducados. Pero todo fue en vano.
Unas semanas después, unos nativos dieron cuenta a los españoles de que no lejos del cabo Cañaveral se encontraba otro grupo de franceses que construía un fuerte y un navío. Pedro Menéndez, al frente de 150 soldados, se dirigió por tierra hacia aquel lugar. Siguiéndole iban por mar tres navíos que transportaban 100 hombres, municiones y provisiones para 40 días. Al llegar a la altura de los enemigos, éstos huyeron a los bosques inmediatos. Envió, por entonces, el avilesino tras ellos a un trompeta francés con la promesa de que si se rendían les respetaría la vida y los trataría como a españoles.
Tras quemar el fuerte y el navío, los españoles prosiguieron el camino hacia el sur, ahora con intenciones exploratorias. El 4 de noviembre llegaron a una aldea india llamada Ays, siendo recibidos amistosamente por el cacique de la zona. Como la falta de provisiones apremiaba, Menéndez de Avilés decidió dejar aquí a gran parte de sus hombres e ir personalmente a Cuba a buscar víveres.
En La Habana se encontró con su sobrino, Pedro Menéndez Marqués, quien había llegado días atrás con varios barcos de la flota del Cantábrico. Varias semanas permaneció el avilesino en la isla caribeña buscando más socorro para los colonos de La Florida. Pero el gobernador de Cuba, García Osorio, envidioso de los éxitos de aquél, le obstaculiza en lo posible negándole la ayuda que le pedía.
Posteriormente llegó un emisario real comunicando al Adelantado que los franceses preparaban una gran armada para conquistar La Florida e islas del Caribe. Para contrarrestar tal fuerza, Felipe II le enviaba una flota de socorro de 17 buques y 1.500 hombres al mando del general Sancho de Arciniega.
El 10 de febrero de ese mismo año, Pedro Menéndez, al frente de una pequeña flotilla, zarpó de La Habana en dirección a la costa occidental de La Florida fondeando cerca de un pueblo de los indios calusas. Según sus informes, en esta zona había varios náufragos, españoles prisioneros de los nativos. El cacique del lugar, Carlos, acogió pacíficamente al jefe español, quien con regalos y buenas maneras consiguió que aquél liberase a un grupo de náufragos españoles –ocho hombres y dos mujeres–, pero para su desilusión ninguno de ellos era su hijo Juan. En prueba de amistad, el jefe indio dio al español una hermana suya como esposa. Luego de enviar a doña Antonia –como bautizaron a la india– a La Habana para que fuese instruida en la religión católica, el Adelantado se dirigió a San Agustín, encontrando a la población de la colonia totalmente alterada.
En su ausencia habían tenido lugar en San Agustín y en San Mateo diversos tumultos provocados por los soldados y colonos que, descontentos a causa de la pobreza de la región y la miseria continua en que vivían, se habían amotinado contra sus jefes, apoderándose de varios barcos con el objetivo de dirigirse a Cuba para luego pasar al Perú o México. Pedro Menéndez logró atajar drásticamente la sublevación permitiendo a los descontentos –unos cien– trasladarse a Santo Domingo. Más tarde, el inquieto avilesino se dirigió al actual Estado de Georgia donde según sus informes habían recalado algunos de los franceses huidos.
Con tres barcos y 150 hombres exploró las costas de Georgia y la zona meridional de Carolina del Sur, visitando las tribus indias de la zona, tratando siempre con afabilidad a sus miembros. Reconcilió a viejos enemigos, como los caciques de Gaule y Orista.
Antes de regresar, los expedicionarios españoles edificaron en el territorio de Orista, en Punta Elena –Carolina del Sur–, un fuerte de madera, el San Felipe, dejando en él una guarnición de 110 soldados a las órdenes del capitán Esteban de las Alas.
El abastecimiento de víveres constituía el principal problema con el que se enfrentaban los colonos de La Florida. De vez en cuando llegaban barcos con provisiones, pero a todas luces eran insuficientes. Como último recurso los españoles se dedicaban a buscarlos en la selva o en las aldeas indias cercanas, encontrando siempre la hostilidad de los guerreros del cacique Saturiba.
Tras reedificar en mejor sitio el fuerte de San Agustín, se trasladó a Cuba en busca de auxilio. Pero de nuevo las autoridades de la isla le negaron todo tipo de ayuda. Como último recurso vendió sus joyas, comprando maíz y cazabe que llevó en tres navíos a La Florida, encontrándose al llegar al fuerte de San Mateo con la agradable noticia de que la flota de Sancho de Arciniega –17 barcos, 1.500 hombres y abundante comida– había arribado a San Agustín. El general Arciniega traía, además, para el asturiano unos despachos reales en los que Felipe II le encargaba que fortificase las principales islas del Caribe para repeler el presunto ataque de la escuadra francesa.
Mientras se descargaban los navíos, Pedro Menéndez decidió explorar el río San Juan. Con tres barcos y 150 hombres remontó el citado río a lo largo de 150 km. Visitó las diversas tribus indias ribereñas, haciendo las paces con los caciques de esta región, prohibiendo siempre a sus soldados que molestasen a los aborígenes y que robasen en los poblados que encontraban abandonados. Según los nativos, el río San Juan nacía en una gran laguna llamada Maimi. El Adelantado quiso llegar hasta allí y ver si la laguna comunicaba con el territorio del cacique Carlos, pero no pudiendo remontar más el río regresó a la costa, dirigiéndose entonces a los fuertes de San Mateo y San Felipe para inspeccionarlos.
A diferencia de la mayoría de los conquistadores españoles, que aprovechaban las rivalidades existentes entre las diferentes tribus indias para consumar su dominación, Pedro Menéndez puso siempre todo su empeño en poner fin a las guerras tribales, haciendo todo lo posible para la reconciliación de los jefes indios enemistados. Así, nada más terminar su misión de fortificar las principales poblaciones de las islas de Cuba, La Española y Puerto Rico, se dirigió al territorio de los calusas, poniendo fin a las diferencias de su jefe con Tequesta –otro cacique que habitaba en el extremo sur de La Florida– y con Tocobaga, que controlaba un amplio territorio alrededor de la bahía de Tampa. En los dominios de estos tres jefes nativos constituyó el Adelantado tres fuertes, dejando en ellos pequeñas guarniciones de soldados junto con algunos religiosos para que realizasen su misión evangelizadora entre los indios.
La situación crítica en que se hallaba la colonia –falta de víveres, malestar de la tropa por el retraso en abonar su salarios, etc.– decidió a Pedro Menéndez a volver a España para solicitar ayuda. Felipe II no sólo se la dio, sino también le nombró gobernador de Cuba. El 29 de junio de 1568, el Adelantado se hallaba de nuevo en San Agustín con refuerzos. En los años siguientes su actividad se multiplicó: fundó en Cuba un seminario para instruir a los indígenas de La Florida, se trasladó a Axacán, misión situada en la bahía de Chesapeake (Estado de Virginia) para castigar a los nativos que asesinaron a los misioneros jesuitas allí establecidos, exploró gran parte de las costas de los actuales estados de La Florida, Georgia, Carolina del Sur y del Canal de Bahamas, limpió de corsarios las costas americanas.
El 10 de enero de 1574 Felipe II le nombró capitán general de la poderosa armada que se preparaba en secreto para ayudar a Requesens a sofocar la rebelión en Flandes –bajo dominio español–. El 8 de septiembre de ese mismo año se posesionó en Santander la flota, que se componía, según asegura su cuñado, el cronista Gonzalo Solís de Merás, de 800 velas y 20.000 hombres, pero ese mismo año enfermó gravemente –víctima de un «tabardillo maligno»–, falleciendo el 17 de septiembre, a la edad de cincuenta y cinco años. Su cadáver fue enviado a Avilés, siendo sepultado en la iglesia de San Nicolás. En 1957 fueron trasladados sus restos a la iglesia de San Francisco.
Su figura sigue muy presente en la memoria de las gentes de Avilés, población que presume de ser conocida como la Villa del Adelantado.
(*) Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599. Oviedo, 1992.
Aquel fuerte establecido en 1565 por el asturiano Pedro Menéndez de Avilés y llamado San Agustín es hoy la ciudad de Saint Augustine que se enorgullece de ser el primer asentamiento continuado europeo en Estados Unidos.
Y lo que poca gente sabe es que el primer colono blanco nacido en lo que hoy se llama Estados Unidos también era asturiano. Nació en San Agustín un año después de su fundación, en 1566.
Se llamaba Martín de Argüelles y su padre era un hidalgo asturiano, primer alcalde de San Agustín.
Los habitantes de Saint Augustine celebran sus vínculos con España todos los años en lo que ellos llaman "the Noche de Gala".
Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en Saint Augustine Muestras de orgullo por su historia española en las calles de Saint Augustine Paseo al más puro estilo sevillano "The Noche de Gala" con un Pedro Menéndez de Avilés americanizado
Ultima edición por vox populi el Sab Ene 19, 2008 4:33 am; editado 1 vez
Entre los pioneros, además de Pedro Menéndez de Avilés, tenemos a gente como Alonso López de Restrepo nacido en 1620 en San Esteban de Piantón, concejo de Castropol en Asturias. Fue alférez real y participó en la fundación de la ciudad de Medellín en Colombia. De él, descienden directamente 2 presidentes de Colombia, Carlos Eugenio Restrepo (1910-1914) y Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), además del abogado que abolió la esclavitud en aquel país y de otros personajes ilustres de la historia colombiana.
Entre los pioneros, además de Pedro Menéndez de Avilés, tenemos a gente como Alonso López de Restrepo nacido en 1620 en San Esteban de Piantón...
Además de personajes históricos e ilustres como estos, también tenemos en la actualidad en América a asturianos o descendientes de asturianos, que ignoro si algún día tendrán el rango de personajes históricos, pero que al menos son famosos o desempeñan o desempeñaron algún cargo importante, como por ejemplo:
-Cristina Fernández: Presidenta de la República Argentina
-José Ramón Fernández Álvarez: Vicepresidente de Cuba
-Vicente Fox Quesada: ex-Presidente de México
-Enrique Valentín Iglesias García: ex-Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
-Luciano Suárez Cascudo: Vicealclade de Miami
-Paco Ignacio Taibo: escritor astur-mexicano
-Gloria Estefan: cantante
-Eva Longoria: actriz
-Mary Jo Fernández: tenista
Un asturiano en «The Washington Post» Rubén Rodríguez, jefe de relaciones públicas del diario, rememora la odisea de su familia desde finales del XIX
Rubén Rodríguez es norteamericano, habla cubano y los pocos elementos identitarios que presiden su despacho en «The Washington Post» hablan de España -una bandera-, Asturias -otra enseña en forma de fondo de pantalla en el ordenador- y Carreño -un cuadro de la casa de El Campanal, en el concejo asturiano.
Ese caserón, al que él llama «granja» quizá por los recuerdos que le vienen a la cabeza cuando recrea aquella la primera vez que la vio, con nueve años, resume una odisea de más de un siglo y concentra sus orígenes.
Rubén E. Rodríguez es hoy el jefe de Relaciones Públicas del periódico de referencia de la capital de Estados Unidos. De Asturias le separan tres generaciones. El asturiano fue, en realidad, su bisabuelo. A finales del siglo XIX, en torno a 1890, abandonó la casa de los Rodríguez en un pequeño pueblo de Carreño para embarcarse rumbo a Cuba.
El bisabuelo no volvió y allí, en la isla, siguió la generación. El abuelo y el padre de Rubén nacieron en Cuba. El abuelo era vicepresidente de la sección de ventas de Westinghouse. «Con la revolución lo perdimos todo, mi padre y mi abuelo vinieron a Estados Unidos sólo con el equipaje y 25 dólares en el bolsillo».
En realidad fue su tía Eleonor la primera que cruzó a la tierra prometida: Miami. Encontró trabajo y la familia le siguió. Entre 1957 y 1958 el abuelo, el padre -tenía quince años- y los primos de Rubén fueron llegando a Estados Unidos. Con la nueva década, los años sesenta, se desplazaron hasta Washington.
El padre de Rubén estaba preocupado por su carrera, por su posición en el nuevo mundo. Cuando logró despejar un futuro más o menos cierto, se casó (1966) y tuvo a su hijo Rubén (1967).
A finales de aquella década, ni Rubén, un recién nacido, ni su padre, muy preocupado con la familia y con el trabajo, habían vuelto a mirarse en sus orígenes ni habían dado con la casa de El Campanal.
«Eso fue más tarde», explica ahora Rubén desde ese despacho del «Washington Post» que sólo decoran los recuerdos de su familia y los motivos asturianos y españoles.
Ese «más tarde» fueron en realidad diez años después. Rubén tenía nueve años y, si su padre había tenido que salir de Cuba con la llegada de Castro, esperó a la muerte de Franco para buscar sus orígenes en Asturias. «Fue en 1967 cuando mi padre me llevó a la granja y me contó cómo empezó nuestra familia. Yo sólo tenía nueva años, no entendía muy bien todo aquello, pero conocimos a nuestros primos, algunos que habían luchado en la guerra civil, y vimos nuestra casa. Y mi padre, aunque jamás había estado allí, se puso a llorar. Desde esa visita empezó el interés de mi familia por Asturias».
Es fácil imaginarse ese momento de carga trágica aunque liberador en que el padre de Rubén llora ante la casa de la que salió, un siglo antes, el abuelo al que quizá no llegó a conocer en Cuba. Para Rubén, tan pequeño entonces, Asturias fue en aquel viaje «las montañas, el caminar por los valles tan verdes, un partido de fútbol en la playa de San Lorenzo, la sidra, las parrochas y el hórreo que había en la casa. Recuerdo que entré dentro».
Después de todo aquello, Rubén estudió intensamente en Estados Unidos, sin mucho dinero en la familia pero con buenas escuelas públicas. Se licenció en una Escuela de Negocios y empezó su odisea laboral: una sociedad mercantil, el departamento de contabilidad del Pentágono, sector inmobiliario e hipotecas, seguros... «Y llegó un momento en que estaba perdido, no sabía qué quería. Hasta que apareció un trabajo en "The Washington Post" y ellos me dieron la oportunidad de tener éxito». En el 2006 le ascendieron a jefe del departamento de Relaciones Públicas. Ese día, su padre, y Rubén pide permiso para decirlo en inglés, le dijo: «Hoy has hecho realidad mis sueños, mi hijo tiene más éxito que el que ha tenido su padre».
Después, el padre se ha enganchado al camino de Santiago y vuelve en cuanto puede a Asturias. Rubén tiene pendiente llevar a sus hijos. Se cierra el círculo.