Definitivamente soy el rey de los temas impopulares. Casi a nadie le interesa esto de la dignidad del hombre. Bah, de todos modos siento ganas de escribir mis impresiones.
Algo confundido me tenían el orgullo y la dignidad. Hablemos del orgullo primero: El orgullo es tenido por defecto, como sinónimo de vanidad, y no estoy de acuerdo. El vanidoso es falaz, engreído, presuntuoso, exagera sus cualidades o logros en busca de provecho. El orgulloso en cambio me parece que se ha ganado un derecho a ser estimado, no a exigir que lo estimen, no digo eso, sino que la modestia por sus logros sería falsa en él, ni sería justo tampoco que se considerase un igual a sus inferiores. Yo creo que esto de hacer sinónimos orgullo y vanidad es obra de los envidiosos. Como sea, el orgullo me parece un derecho, el derecho a ser reconocido por los logros o cualidades y es lo que en términos jurídicos se llamaría un derecho real, que se tiene respecto de la comunidad en general y no de individuos en particular. El orgullo es entonces un sentimiento propio pero con fecha de vencimiento, y depende del colectivo. Es una prerrogativa en tanto la comunidad la tenga por vigente.
La dignidad en tanto es también una prerrogativa colectiva, un sentimiento y un derecho propio sustentado en la estima de la Comunidad, pero se diferencia en que no está condicionada a logros o cualidades sobresalientes. Y en esto me parece que la dignidad es jerárquicamente inferior con respecto al orgullo, pues la dignidad se me hace que es, en una frase corta, la solidaridad de la especie, la debiéramos sentir todos. Si el orgullo se sustenta en cualidades o logros particulares, la dignidad no los requiere. Se me imagina que tiene su origen en la prehistoria humana, cuando la especie luchaba por la supervivencia, y que debe tener algo de instintiva. No es compasión, no lo creo. Pues si un individuo es condenado a muerte, no nos parece que pierda la dignidad en tanto que el proceso sea llevado a cabo respetando ciertas reglas. En cambio, consideramos indignas algunas cárceles que alojan condenados a cadena perpetua en condiciones que juzgamos infrahumanas, y que de ocupar su lugar, pensamos en que preferiríamos la muerte. Indigno es el trato y las fotografías que tomaron los carceleros yanquies a sus prisioneros talibán. Indigno porque se buscaba dañarlos en su más intrínseco atributo de seres humanos. Por ello me parecen más criminales aún que el que se hace explotar en un autobús, porque por lo menos proporciona una muerte rápida a sus víctimas. |