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Las últimas águlas del Imperio del PERV (Perú)
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LEGIONARIO88
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Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeDom Jul 01, 2007 1:03 am

Responder citando


A. Navala Huachaca..

Los comuneros de la sierra de Huanta en Ayacucho (Perú) son conocidos con el nombre de Iquichanos por el pueblo de San José de Iquicha. Ellos desde tiempo fueron amantes del Rey, a quien consideraban como un padre común, un enviado de Dios que se convirtió para ellos en el Inca Católico. Por esto el vínculo de vasallaje que los unía a la corona estaba potenciado por una poderosa relación sacral.

La conmoción que significó el ocaso de la Monarquía Católica en las Pampas de Quinúa se evidenció desde el primer momento. El signo visible de esto lo tenemos al observar que inmediatamente después de la batalla de Ayacucho (9-IX-1824) las guerrillas indígenas realistas ajusticiaron al Teniente Coronel Medina quien, como mensajero, llevaba a Lima los partes de esa victoria para Simón Bolívar.

Partiendo de este hecho, se inició un movimiento de resistencia indígena contra la República, contra el «infame gobierno de la patria» como ellos decían. Por esta razón las represalias no se hicieron esperar; «En castigo por su militancia realista, la provincia de Huanta fue grabada en 1825 con un impuesto de 50.000 pesos por orden del Libertador» (Méndez: 1992, p. 23). Esta militancia leal y persistente era de vieja data y había sido reconocida en 1821, cuando el Virrey La Serna le otorgó a la ciudad un escudo con una divisa que rezaba «jamás desfalleció».

La conmoción que representaba el cuestionamiento del régimen republicano lo apreciamos claramente cuando el 6 de agosto de 1826, segundo aniversario de la Batalla de Junín, dos escuadrones de patrióticos «Húsares de Junín» se sublevaron en Huancayo y marcharon para unirse con los monárquicos de Huanta. Como consecuencia de este suceso se originó una represión indiscriminada contra las comunidades Iquichanas.

La situación se hizo tan crítica que el Mariscal Santa Cruz, encargado del mando, tuvo que salir en secreto de Lima (17-VII-1827) a pacificar la región, para lo cual dio en Huanta un indulto general que reforzaba una Ley de Pacificación, que había sancionado el Congreso (14-VII-1827). Un nuevo indulto dado por el Presidente La Mar meses después evidencia que en realidad la pacificación era aparente.

El problema era de principio, la República era considerada por los andinos como enemiga de su pueblo y de su Fe. Así, las comunidades siguieron a Antonio Navala Huachaca, un nativo que había jurado defender a su Rey, y la Fe Católica. Tan grande fue su fidelidad y firmeza en el combate, que durante la Guerra de Separación, el Rey lo recompensó ascendiéndolo al alto rango de Brigadier General de los Reales ejércitos del Perú.

Tal era la personalidad del caudillo que el campesinado huantino llegó a identificarse absolutamente con su líder y su causa, proclamándolo en las montañas y en los desfiladeros andinos a gritos de Navala Victoria!!! y que eran respondidos por un Mamacha Rosario!!! en recuerdo de Nuestra Señora.

Lo cierto es que en Huanta el Estado Republicano fue realmente abolido por Huachaca que desde su Castillo, sus tribunales y sus cabildos administraba el poder nombrando a sus delegados o alcaldes, así como organizando diezmeros1 que recaudaban fondos para la causa de «Su Majestad Católica».

Pero esto no fue lo único: «Este seudo Estado llegó a disponer la movilización de mano de obra para la "refacción de puentes y caminos" y más sorprendente aún, sus atribuciones abarcaron reglamentación del orden público, estableciendo patrones éticos de conducta para los individuos bajo su jurisdicción». (Méndez: 1991, p. 183).

En este mismo orden de cosas, existía un Ejército Iquichano de rifles, lanzas y hondas que estaba muy bien organizado en Guerrillas y Columnas de Honderos, todos uniformados2 y con una oficialidad bien disciplinada. Al lado de la infantería estaba también la caballería denominada Los Lanceros de Santiago conocidos por su bravura (Cavero: 1953, p.183). Este ejército si bien tenía una estructura regular era apoyado por mujeres y jóvenes constituyendo en sí una verdadera cruzada popular.

El caudillo andino en una carta al Prefecto republicano manifestaba su crítica al nuevo régimen diciendo: «Ustedes son más bien los usurpadores de la religión, de la Corona y del suelo patrio... ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante tres años de vuestro poder? la tiranía, el desconsuelo y la ruina en un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros nos cargamos semejante tiranía»3.

El 12 de Noviembre de 1827, los iquichanos sorpresivamente tomaron Huanta después de una débil resistencia del batallón «Pichincha» al mando del huidizo, sargento mayor Narciso Tudela (Cavero: 1953, p.197). Los iquichanos estaban dirigidos por su caudillo, el «General Huachaca», y por los comandantes de las fuerzas guerrilleras, entre los que destacaban el vasco francés Nicolás Soregui, Francisco Garay, Francisco Lanche, Tadeo Chocce, tratado de excelentísimo coronel, Prudencio Huachaca, hermano del caudillo, y el presbítero Mariano Meneses, Capellán del ejército iquichano.

En las alturas de Iquicha se había alzado nuevamente el estandarte monárquico. Sus planes eran de la mayor envergadura, tomar Huanta, liberar Huamanga y Huancavelica, y por fin, la «Restauración del Reino»4, extirpando a los republicanos, proclamando un ideario contrarevolucionario y antiliberal, el que se ve apoyado por clérigos como: «el padre Pacheco, llamado en documentos oficiales el Apostata y el sacerdote Navarro, quienes acostumbrados a enardecer los ánimos y a convencer a las masas desde el púlpito, cambian los hábitos clericales por la casaca de guerrilleros para dirigir los combates con sable en mano y pistola de chispa al cinto» (Cavero: 1953, p.197).


En estos cruzados de Dios, vemos al bajo clero ortodoxo dirigiendo la logística de los indígenas excluídos, mientras eran acusados y excomulgados por el alto clero liberal por «apostasía», y ello por haberse alejado de la sumisión burocrática que significaba patronato republicano.

Ante los sucesos de Huanta, el prefecto de Ayacucho, Domingo García Tristán, preparó la defensa de la capital departamental constituyendo una alianza defensiva entre los gremios y oficios de la ciudad, conocidos como "cívicos" y los Andahuaylinos y Morochucos, comunidades históricamente enemigas de los huantinos.

En la mañana del 29 de noviembre de 1827, se produjo el esperado ataque a Ayacucho, donde el ejército campesino iquichano izaba sus banderas con la cruz de Borgoña a gritos de ¡Viva el Rey! Pero los Morochucos y Andahuaylinos, bien armados y en número de 2000 lograron contener el ataque y contrarrestarlo en la Pampa de Arcos.

Inmediatamente, después del asalto a Ayacucho, el coronel Francisco Vidal, ocupó la ciudad de Huanta y se lanzó a la persecución de los indígenas, que se habían refugiado en las alturas después de producirse la ocupación de la ciudad5. Lo dramático de estos acontecimientos fue relatado, poco tiempo después de los sucesos, por el comerciante alemán Heinrich Witt, quien escribía en su diario:

«Las tropas del gobierno tomaron nuevamente, posesión de la ciudad y si se puede creer a los huantinos se portaron peor de lo que lo habían hecho los indios, no sólo saquearon las casas, sino que ni siquiera respetaron la iglesia, de donde se llevaron las vasijas sagradas hechas de plata, estatuas de ángeles del mismo valioso metal, flecos de oro y plata, en resumen, todo lo de valor. Un oficial fue acusado de haber enviado a Huamanga no menos de nueve mulas cargadas de cosas robadas» (Witt: 1992, p.232).

La diferencia con el proceder republicano estuvo, como dice Cavero, en que: «Los iquichanos pelean, únicamente, contra los soldados armados, contra ellos pero nunca hicieron daño a personas indefensas ajenas al conflicto, ni arrancharon las propiedades de sus enemigos ni incendiaron los pueblos, se limitaron a prender fuego a los edificios que sirvieron de cuarteles a sus contrarios como sucedió con el Cabildo de Huanta, pero los expedicionarios, usualmente llamados Pacificadores fueron mil veces más sangrientos y crueles porque después de vencer la resistencia de los guerrilleros masacraron a los indígenas sin discriminación de ninguno y fusilaron a los prisioneros sin previo proceso de ninguna clase». (Cavero: 1953, p.57)

Después de la caída de Huanta comenzó la fase irregular de la campaña conocida como guerrillera o de los castillos de Iquicha porque las cumbres andinas sirvieron como fortalezas para la resistencia monárquica del campesinado indígena. El coronel Vidal organizó una campaña de contramontoneras para reprimir y exterminar a los «fanáticos» que sostenían la tradición como ancestral derecho a su auto-determinación.


El más notable suceso de esta etapa, fue el combate de Uchuraccay (25-VIII-1828), donde el comandante Gabriel Quintanilla al mando de los bien armados «cívicos» enfrentaron a los valerosos iquichanos equipados sólo de lanzas y hondas por un lapso de 2 horas. En este combate cayó valientemente Prudencio Huachaca y el sargento mayor Pedro Cárdenas, entre otros, así mismo el capitulado Valle que falleció pocos días después. No habiendo podido capturar al general Huachaca, los vencedores se ensañaron con su esposa e hijos, los llamados cadetes, quienes fueron hechos prisioneros y remitidos a Ayacucho.

Poco después se produjo el último combate contra las fuerzas gubernamentales en Ccano. Habían transcurrido siete cruentos meses y los republicanos habían logrado «controlar» a las fuerzas indígenas. Se había capturado a Sorequi, Garay, Ramos, al Padre Pacheco y al presbítero Meneses. Pero el indomable Huachaca, como su pueblo no había sido sometido, seguía cabalgando en su caballo alazan tostado de nombre «Rifle»' y era seguido por su séquito, yendo de «castillo» en «castillo» y resistiendo a los liberales.

Entre 1828 y 1838, los iquichanos se mantuvieron al margen de la política pero conservando su orden cerrado y añorando la restauración de su deseado Inca Rey. Del Pino dice sobre este último año que: «En 1838, Huanta o los iquichanos se encariñaron con la causa de la Confederación. El Protector Gran Mariscal Santa Cruz, en su tránsito por aquel lugar, obsequió un vestido de general a un indio Huachaca confiriéndole tan alta clase por el conocimiento de su audacia y porque era el primero que representaba la ferocidad de su raza». (Del Pino: 1955, p.29)

En este hecho, vemos una evidencia de la idea imperial, es decir, pluri-étnica y poliárquica de la Confederación Perú-Boliviana, la cual respetaba una heterogeneidad que atentaba contra de la identidad criollo-nacional que postulaba la burguesía costeña. Esta Confederación venía a significar en nuestra historia la continuación del Imperio por otros medios6.

Esta defensa del derecho a la diversidad y la tradición es lo que podría haber querido sostener el reaccionario García del Rio, en el texto del diario «Perú-Boliviano» que nos presenta Cecilia Méndez en su excepcional ensayo La República sin Indios y, donde el articulista critica a los legisladores de la burguesía porque: «se olvidaron de que cada pueblo encierra en sí el germen de su legislación, que no siempre lo más perfecto es lo mejor». (Méndez: 1992,p 35)

Mas la Confederación estaba sentenciada a muerte por la anglófila burguesía de Chile, que aliada con los «emigrados peruanos» la ahogaron en sangre. Así ocurrieron las primeras invasiones chilenas y la Batalla de Yungay, tras la cual vino su disolución el 20 de febrero de 1839.

Para marzo de 1839, el General Huachaca y los indígenas iquichanos estaban nuevamente en armas contra una «restauración» criolla, ahora sostenida por las ballonetas extranjeras. Por ello el ejército católico se despertó de su sueño guerrero para sitiar nuevamente Huanta que estaba ocupada por el batallón chileno «Cazadores».

Ante esta grave situación el Prefecto de Ayacucho, Coronel Lopera, envió de refuerzo al batallón chileno «Valdivia» que rompió el asedio y comenzó una cruel expedición en las punas contra la «indiada».

En junio de 1839, se produjo el combate de Campamento-Oroco, donde el general Huachaca sorprendió a los «expedicionarios» y en medio de una tempestad los obligó a una retirada desastrosa. El contingente republicano para vengar la humillación infringida: «...hizo una verdadera carnicería de hombres, sin distinguir ancianos, niños, ni mujeres y de ganados» (Cavero: 1953,p.218)

En este contexto incierto, el Prefecto Lopera propició un acuerdo con las fuerzas iquichanas para encontrar una salida negociada al conflicto. Por esto, en noviembre de 1839, se firmó el Convenio de Yanallay, entre el Prefecto y el Jefe iquichano, Tadeo Chocce. Así con un tratado de paz y no con una rendición acababa la Guerra de Iquicha. Terminaba la resistencia iquichana, que sostuvo su caudillo, el Gran General Huacacha, pero este no firmó el pacto; pues prefirió internarse en las selvas del Apurímac antes de ceder su monarquismo ante los que creía «anticristos» republicanos.

Cuando en 1896, los Partidos Civilista y Demócrata decretaron una contribución sobre la sal afectando los derechos históricos de los huantinos, ellos respondieron como siempre con la tradición monárquica como privilegio diciendo que: «...desde los tiempos del rey jamás habían pagado por la sal, que Dios la había creado de los cerros para los pobres y con la sal se habían bautizado...» (Husson: 1992, p.133).

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Bibliografía :
1. Cavero, Luis E. Monografía de la Provincia de Huanta. Editoral Rímac. Lima, 1953.
2. Cotler, Julio. Clases, Estado y Nación en el Perú. IEP. Lima, 1978.
3. Del Pino, Juan José. Las Sublevaciones Indígenas de Huanta (1827-36).Aguilar Editoral. Huanta, 955.
4. Fowler, Luis. Monografía del Departamento de Ayacucho. Imprenta Torres Aguilar. Lima, 1924.
5. Husson, Patrick. De la Guerra a la Rebelión. CBC. Cuzco, 1992.
6. La Faye, Jacques, Mesías, Cruzados y Utopías. FCE. México, 1992.
7. Méndez, Cecilia. Los campesinos, la independencia y la iniciación de la república. En "Poder y Violencia en los Andes". CBC. Cuzco, 1991.- La República sin indios. En Tradición y Modernidad en los Andes. CBC. Cuzco, 1992.
8. Rioja, Juan. -México Martir. Editoral Revista Católica. Texas, 1935.
9. Witt, Henrich. Diario 1824-90. Un Testimonio personal sobre el Perú del Siglo XIX. Vol. 1. Lima, 1991

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LEGIONARIO88
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Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeDom Jul 01, 2007 1:37 am

Responder citando


NAVALA HUACHACA .

Los últimos estandartes del Rey,
Comuneros de la Sierra de Huanta,
Conocidos por el pueblo de San José de Iquicha,
Aún sus gritos el eco quebranta,

El ocaso del Imperio en las Pampas de Quinúa,
Feroz resistencia aun después de Ayacucho,
Los indios realistas ajusticiaron al Teniente Coronel Medina,
A Bolívar no le pudo llegar su mensaje de iluso,

Buscando de nuevo al Inca Católico,
Llamaron a la República infame gobierno de la Patria,
Los Húsares de Junín marcharon para unirse
A los iquichanos, por la Santa Causa,

El mariscal Santa Cruz salió para intentar la paz en Lima,
Indulto general en Huanta, una ley de pacificación reforzaba;
Nuevo indulto del presidente La Mar, que creyóse,
Que todo aquello se acababa…

La República era enemiga de los andinos y de su Fe,
Y así apareció un indio: Antonio Navala Huachaca,
Juramento como defensor de la Monarquía Tradicional,
Duro y contundente como la fuerte estaca,

Tan grande su fidelidad en la Guerra de Separación,
Que fue compensando por el Virrey,
Como Brigader General de los Reales Ejércitos del Perú,
La cruz y la espada, su mejor ley,

Caudillo del campesinado huantino,
¡ Navala Victoria ! ¡ Mamacha Rosario !
Aún el viento su eco susurra,
Desafío a la tiranía del fanfarrón sectario,

Sus tribunales y cabildos se administraron,
En contra del nuevo estado republicano,
Con rifles, lanzas, hondas; guerrillas y columnas de honderos,
¡ Buena organización del Ejército Iquichano !

Al lado de la infantería los Lanceros de Santiago,
Ágiles Caballeros conocidos por su bravura,
Apoyados por mujeres y jóvenes; ¡ Cruzada Popular !
Si bien con una regular estructura,

¡ Oh Huachaca, Caudillo de los Andes !
Ni por carta arrugóse ante el prefecto republicano,
Contra la tiranía en un Reino que fue tan generoso,
Desconsuelo ante un glorioso pasado,

Como en Ayacucho, volvieron a desafiar al viento las banderas,
El carmesí, con los blasones de Castilla y León,
La Borgoñona Cruz de San Andrés…
¡ Oh Virreinato del Perú, cuánto honor....!

Victoria ante los débiles y huidizos del Batallón Pichincha,
Al mando estaban del Sargento Mayor Narciso Tudela,
Doce de Noviembre del Mil Ochocientos Veintisiete,
¡ Sustanciosa dulzura, cual aroma de canela !

Qué comandantes, aquellos de las fuerzas guerrilleras:
Soregui, Garay, Lanche, Chocce....¡ El Coronel Prudencio Huachaca !
La bendición del Presbítero Mariano Meneses,
Heroica e indómita tierra, que aún destaca,

En las alturas de Iquicha, el Estandarte Monárquico alzóse,
Como siempre había tenido allá lugar,
Se planea tomar Huanta, liberar Huamanga y Huancavelica,
Y la definitiva Restauración Imperial,

Había que extirpar a los republicanos,
Proclamar el ideario antiliberal, contrarrevolucionario;
Apoyados por clérigos como el Padre Pacheco,
El Sacerdote Navarro que dirigía la espada con ardor temerario,

Cruzados de Dios como el Prefecto de Ayacucho,
La logística de los indios, por la República excluidos,
Acusaciones repletas de vanidosa mentira,
Lealtad inquebrantable de peruanos altivos,

Ante los sucesos de Huanta, pensó el Prefecto de Ayacucho....
Había que defender la capital departamental…¿ Alianza defensiva ?
A morochucos y andahuaylinos acudió, bien sabiendo,
De la tradicional enemistad que tenían a la comunidad huantina,

Mañana de Noviembre del Mil Ochocientos Veintisiete,
Ahí se produce el esperado ataque a Ayacucho,
Donde el Ejército Campesino Iquichano,
Levantó sus banderas ante el mal gobierno intruso,

Cruz de Borgoña, gritos de ¡ Viva el Rey !
Dos mil morochucos y andahuaylinos, bien armados,
Lograron contener el ataque, contrarrestando;
En la mismísima y querida Pampa de Arcos,

Inmediatamente después del asalto a Ayacucho,
El Coronel Francisco Vidal ocupó la urbe de Huanta,
Lanzándose a la persecución del indio americano,
Refugiados en el ambiente elevado de la montaña....

El comerciante alemán Heinrich Witt legó su crónica,
Contra la Iglesia se cebó aquella saña,
Cavero dijo que los iquichanos peleaban sólo contra soldados armados,
Cavero escribió sobre aquellas sangrientas artimañas,

Las costumbres andinas sirvieron de fortaleza,
Cuando después de la derrota militar, se alzaron las guerrillas,
La llamada Campaña de los Castillos de Iquicha,
Las tradiciones como ancestrales y eternas premisas,

Y otra vez el Coronel Vidal contra los nobles campesinos,
Y otra vez la indiada, con los demás leales del Perú,
Todos juntos, la Sangre de Conquistadores e Incas,
Dispuestos, costara lo que costara; demostrando virtud,

Notable suceso de esta etapa: Combate de Uchuracay,
Del Mil Ochocientos Veintiocho, un Veinticinco de Agosto,
El Comandante Quintanilla, al mando de los mal llamados “ cívicos “,
Y los iquichanos, con hondas y lanzas, y un espíritu nada angosto,

Lapso de un par de horas,
Ahí cayeron gentiles hombres, símbolos de valentía,
Comandante Prudencio Huachaca y Sargento Pedro Cárdenas....
Y el capitulado Valle, en aquella coyuntura moriría,

No pudieron capturar al General Huachaca,
Y se ensañaron con su esposa e hijos: Los llamados cadetes,
Prisioneros fueron hechos, remitidos a Ayacucho,
Y ya se olía en la tierra el canto de la muerte,

Poco después, se produjo el último combate,
Contra las fuerzas gubernamentales en Cano,
Habíase capturado a Soregui, Garay, Ramos....
Al Padre Pacheco y al Presbítero Meneses; ¿ todo lo tenían controlado....?

Pero allí apareció el indomable Huachaca,
Estandarte de un pueblo que se negaba al sometimiento,
En su caballo alazán tostado de nombre “ Rifle “,
Seguido por su séquito, “ de castillo en castillo “ iba acometiendo,

Resistiendo al liberalismo,
Entre el Veintiocho y el Treinta y Ocho del Mil Ochocientos,
Los iquichanos mantuvieron su tradicional orden,
Añorando la Restauración Monárquica, ya con poco aliento,

Por aquellos años, Huanta se encariñaba,
Por la Confederación, de su general causa,
Obsequio de un uniforme hizo el Mariscal Santa Cruz,
A un indio Huachaca, portador de la ferocidad de su raza,

Evidencia de la Idea Imperial Sudamericana,
Poliárquica y pluriétnica; de Tradición Virreinal,
Contra el clasismo amanerado de la burguesía costeña,
Se defendió el Imperio, aun con otros medios, hasta el final,

Defensa del derecho a la diversidad,
Tradición defendida por García del Río,
Con vehemencia escribió en el diario “ Perú-Boliviano “;
Herramienta para Cecilia Méndez y su República sin Indios,

Y es que, se olvidaron de que cada pueblo,
Encierra en sí mismo el germen de su legislación,
Que no siempre lo que dicen que es perfecto,
Resulta ser, ni mucho menos, lo mejor....

Mas la anglófila burguesía instalada en el Chile,
Terminó de matar a aquella Confederación,
Aliados con los emigrados peruanos,
En sangre quisieron ahogar el imperial tesón,

Así ocurrieron las primeras invasiones chilenas,
La Batalla de Yungay, un ejemplo;
Tras la cual vino su disolución,
Del Mil Ochocientos Treinta y Nueve, un Veinte de Febrero,

Para Marzo del Mil Ochocientos Treinta y Nueve,
El General Huachaca y los indígenas iquichanos,
Prestos se encontraban para el combate,
Prestos, como así exige el ser de los peruanos,

Contra la expansión republicana, promovida desde fuera,
El Ejército Católico despertó de su sueño guerrero,
Y así, se dispuso de nuevo a sitiar Huanta,
Ocupado por el batallón “ Cazadores “ chileno,

Ante la situación, el Coronel Lopera, Prefecto de Ayacucho,
Envió de refuerzo al batallón chileno “ Valdivia “,
Que rompió el asedio, comenzando una cruel expedición,
En las punas, a la indiada aniquilar querían,

En Junio del Mil Ochocientos Treinta y Nueve,
Fue cuando se produjo el Combate de Campamento-Oroco;
En medio de una tempestad, el General Huachaca
Obligólos a una desastrosa retirada....¡ Oh Perú, nunca fuiste poco !

Para vengar aquella humillación sufrida,
El contingente republicano hizo de las suyas,
Sin distinguir hombres, ancianos o niños,
Volvió a las andadas de las punas,

En este incierto contexto, el Prefecto Lopera acordar quería....
Y ello propició con las fuerzas iquichanas,
Para encontrar una salida negociada al conflicto,
En esta exhausta tierra hispanoamericana,

Así se llegó al Acuerdo de Yanallay,
Entre aquel Prefecto y Mateo Chocce, el líder tradicional,
Pero fue Tratado de Paz, que rendición;
Pues antes serían muertos que aceptar el deseo liberal,

Terminaba la Resistencia Iquichana,
Que sostuvo el mítico caudillaje de Huachaca,
Sin embargo; él se negó a firmar aquel pacto,
Pues consideraba que aquello constituía deshonra muy alta,

Prefirió internarse en las selvas del Apurímac,
Antes de ceder su monarquismo,
Ante aquellos anticristos de la masonería,
¡ Nunca la República; así lo entendió el peruanismo !

Y es que, ya en el Mil Ochocientos Noventa y Seis,
Volvieron a las andadas; esta vez demócratas y civilistas,
Intentando imponer una contribución por la sal....
¡ Pero qué bien le respondieron aquellos huantinos hispanistas !

Liberales: Desde los tiempos del Imperio la sal jamás se pagó,
Que Dios la ha creado de los cerros, para los pobres,
Que con la sal ellos habíanse bautizado....

Historia de orgullo patriota,
Pero de incierto fin, quizá....
¿ Existirán algún soldado en el futuro,
cuya bandera al viento desafiará ?
Antonio Navala Huachaca, que tu memoria sirva de ejemplo,
Que la fidelidad a la Santa Causa jamás desfallezca,
Que el honroso caudillaje guíe a la Nueva Hispanidad,
Que la sangre altanera, como antes, hierva,

¡ Oh Perú, que fuiste Nueva Castilla !
¡ Oh Virreinato de la América del Sur !
Cuán grande es la Historia que tu gente ha posibilitado,
Vuelve a ser como sabes tú,

¡ Oh rojo y blanco de la Casa del Austria !
¡ Oh blanco y rojo de la Borgoñona Cruz de San Andrés !
Con qué bravura se defendieron en los Andes,
Cueste lo que cueste, se volverá a ver....

Que la Cristiandad guíe una Gran Confederación,
Que reúna a la América Hispana,
Que mochicas, pizarristas, tlaxcaltecas o cortesianos,
Empuñen por todo lo alto la Cruz y la Espada,

Que se reúnan al calor de las Leyes de Indias,
Y la herencia imperial de la Romanidad,
Que Santiago les acompañe,
Y les ayude en la más auténtica piedad,

Que, como los Cristeros de la Nueva Galicia,
Griten aquello de ¡ Viva Cristo Rey !
Que el Corazón Inmaculado de María,
Patrocine la más pura ley,

Como Liniers y Elío apañando ingleses,
Como contra Bolívar se alzaron los negros,
Un Rey….Un Emperador….Se añora….
¡ Alma de América; para ti se hicieron realidad los sueños !

Como la herencia de los valientes gauchos,
Se demostró en la dureza de las Malvinas,
Y en eso, aquellos valientes peruanos voluntarios,
Cuyo espíritu nadie lo olvida,

¡ Santiago ! ¡ Santiago, a ellos;
¡ Orgullo Indiano de la cuna al calvario !
Por la Verdad, la Historia, la Justicia, La libertad....
Ya zumbará aquello de: ¡ Navala Victoria ! ¡ Mamacha Rosario !

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VEOWEA!!!
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Ubicación: Chile...Pais de Genios y Maestros

MensajeDom Jul 01, 2007 3:05 am

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¿¿Tomate los medicamentos que te señalo el medico??

Saludos de tu amigo que te cuida

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Jorge A
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Ubicación: Montreal

MensajeLun Jul 02, 2007 12:50 am

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Veowea, aunque algunos de mis compatriotas no estén de acuerdo con lo que puso el Legionario 88, yo si lo apruebo, esa es una realidad que no tiene porque gustarle a todos, nosotros fuimos forzados a una independencia que nunca quisimos. Twisted Evil

Somos muy grandes y lo seguiremos siendo por eso vivo con tigo PERU.

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LEGIONARIO88
Forista


Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeMar Jul 03, 2007 2:14 am

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Cruz y Espada es nuestra mejor Ley contra esos anticristos de Masonería
Y es hora de demostrar la ferocidad de nuestra RAZA

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LEGIONARIO88
Forista


Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeMie Jul 25, 2007 4:32 pm

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Jorge A escribió:
esa es una realidad que no tiene porque gustarle a todos, nosotros fuimos forzados a una independencia que nunca quisimos. Twisted Evil
George, entonces te invito a guardar un minuto de silencio este 28 de Julio

Crux y Espada

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VEOWEA!!!
Forista


Ubicación: Chile...Pais de Genios y Maestros

MensajeMie Jul 25, 2007 4:46 pm

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LEGIONARIO88 escribió:
George, entonces te invito a guardar un minuto de silencio este 28 de Julio

Crux y Espada
Es bastante preocupante el minuto de silencio..................Cruz y espada.......creo que estas llamando ha formar filas.

Amad a los unos y los otros.

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LEGIONARIO88
Forista


Ubicación: Imperio del Sol del PERV

MensajeDom Jul 29, 2007 3:45 pm

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VEOWEA!!! escribió:
Es bastante preocupante el minuto de silencio..................Cruz y espada.......creo que estas llamando ha formar filas.

Amad a los unos y los otros.
Por supuesto que debemos cerrar filas contra el fanfarrón sectario

Nunca República

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VEOWEA!!!
Forista


Ubicación: Chile...Pais de Genios y Maestros

MensajeDom Jul 29, 2007 5:19 pm

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LEGIONARIO (NAPOLEON)

Mi gran amigo (Shocked)de contienda, deberías estar celebrando junto ha tus dos grandes amigos personales (Rolling Eyes) SAGOR y JORGE.

Mi estimado hoy estoy fumando la pipa de la paz, pásalo bien y no andes buscando camorra, es muy bueno, un día en el año, todo ser humano reflexione.

A la salud de tu amada patria hermano LEGIONARIO.

Viva la hermandad de los pueblos de Latinoamérica Carajo!!

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covadonga
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MensajeDom Ago 26, 2007 6:07 am

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Legionario88, por favor, quisiera saber si tenés idea de cómo puedo hacer para encontrar la bandera del virreinato del rio de la plata. Hasta ahora no pude encontrarla y tal vez vos lo puedas saber. Desde ya mil gracias y comparto con vos todo lo que decís!!!

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Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeDom Ago 26, 2007 3:45 pm

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Que se sepa al menos todos los virreinatos lucían la bandera española.
Algunos en su moneda ponían el escudo del Virrey y otros el de los reyes de España, por ejemplo el de la familia Acevedo el primer virrey de La Plata.


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Wal
Forista


Ubicación: Buenos Aires, Argentina

MensajeDom Ago 26, 2007 6:58 pm

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Jorge A escribió:
Que se sepa al menos todos los virreinatos lucían la bandera española.
Algunos en su moneda ponían el escudo del Virrey y otros el de los reyes de España, por ejemplo el de la familia Acevedo el primer virrey de La Plata.

Eso esta equivocado, no hubo ningún virrey del Río de la Plata apellidado Acevedo, el primer virrey fue Don Pedro de Cevallos, y el segundo virrey, don Juan José de Vertiz y Salcedo.

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Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeMar Ago 28, 2007 7:17 pm

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Tienes toda la razón confundí el apellido Embarassed pero en vez de decir eso es falso podrías decir, estas equivocado, en fin no es un problema, gracias por hacer la corrección Wink

En todo caso esa es la primera moneda con el escudo de familia del primer virrey.

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Jorge A
Forista


Ubicación: Montreal

MensajeMar Ago 28, 2007 7:18 pm

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Otra vez disculpa, parece que no estoy leyendo bien y si dijiste equivocado Laughing Wink

Saludos Wal.

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VEOWEA!!!
Forista


Ubicación: Chile...Pais de Genios y Maestros

MensajeSab Ene 12, 2008 12:08 am

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Donde estarán mis hermanos peruanos, estarán en la oficina de la "Haya" Shocked

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