Los hombres "insensibles" hacen llorar a las mujeres, pero no conocen el llanto,... ni la rabia, ni otras emociones. La "atrofia emocional" puede llegar tener incluso carácter de patología.
La verdad es que, en pleno siglo XXI, los hombres no tienen todavía, permiso absoluto para llorar, salvo en casos muy particulares: cuando sufren una desgracia, como la muerte de un ser querido, o en medio del éxtasis futbolístico, que todo lo justifica y hasta le da un aire de heroísmo a esas lágrimas derramadas con tanta fortaleza masculina ante una derrota en la cancha.
Es cierto que muchos varones se permiten llorar más que antes, pero la diferencia con el llanto femenino todavía es muy grande. El significado cultural también es distinto: el llanto femenino sigue siendo visto como una debilidad; el de ellos es interpretado como emotiva fortaleza.
El problema es, que muchos varones, no sólo tienen grandes dificultades con las lágrimas, sino también con la expresión de sentimientos y emociones en general. El temor, la compasión y hasta las manifestaciones de ternura son todo un desafío para los hombres que viven empeñados en confundir fortaleza con frialdad.
Hoy, en muchos ámbitos, ser calificado como un hombre sensible es un verdadero halago, dicen algunos especialistas. Es que, según ellos, a finales de los años 60, la idea de que las mujeres fueran más emocionales y los hombres más racionales fue muy atacada, por considerarse sexista.
Muchas feministas decían que identificar a las mujeres solo por su emotividad era humillante. Y algunos creen que el llanto de los hombres puede ser interpretado, incluso, como un signo de fortaleza más que como un rasgo de debilidad.
Y hasta el público en general, no sólo no condena sino que premia el llanto masculino, por considerarlo producto de la sinceridad. Basta con recordar al presidente estadounidense George W. Bush, que alcanzó su máxima popularidad cuando la televisión lo mostró llorando en la llamada zona cero, donde estaban las Torres Gemelas, después del atentado.
Es que el llanto es la mejor válvula de escape para cualquier emoción intensa y que nos sobrepasa en un momento dado. Cuando rompemos a llorar, las emociones se liberan como si las hubiéramos tenido atrapadas en una olla a presión.
El llanto es parte del aprendizaje y del desarrollo humano, pero a medida que nos hacemos adultos prescindimos de las muy saludables lágrimas, como si fuesen cosa de chicos, nos las permitimos en muy pocas ocasiones, y sólo cuando es imposible evitarlas.
El estrés, la tristeza, el dolor psíquico y físico, la alegría, los nervios, la angustia, la emoción, entre otros, son sentimientos que podemos traducir en lágrimas. Cuando lo hacemos nos sentimos mucho mejor, pero si ahogamos el llanto sólo logramos aumentar la presión y el desequilibrio interior.
Y todos sabemos que los varones no tienen, en general, "corazón de hielo", sino que son víctimas de un modelo social dirigido a atrofiarlos emocionalmente. Desde chicos se les enseña a no exteriorizar el dolor, a resistir. Con la consecuencia de que, al convertirse en adultos, no dominan otro patrón de conducta.
Este tema, que ocupa kilómetros de páginas en las revistas con columnas de asesoría sentimental, no sólo crea problemas en el ámbito amoroso. La incapacidad de identificar y verbalizar emociones puede tener también dimensiones patológicas –puede enfermar- y hasta hay un concepto científico que define el fenómeno: alexitimia, un trastorno que podría originarse en la infancia, cuando se definen las funciones cerebrales.
Así, hombres y mujeres ríen, lloran, suspiran y se enfurecen con la misma frecuencia, pero cada sexo vive y expresa sus emociones de manera distinta. Porque parece que la testosterona afecta los sentimientos de los hombres, que tienden a disociarlos y racionalizarlos más. Las mujeres parecen tener una conciencia mas clara de las emociones, pero los hombres que logran adquirirla obtienen beneficios enormes. Porque sus relaciones mejoran, y ellos son más felices.
¿Pero…hay diferencias…además de la cultural? Parece que si…La respuesta está en el cerebro. Dicen los neurólogos que el cableado cerebral masculino es distinto del femenino. Parece que la conexión entre el hemisferio izquierdo, sede del raciocinio, y el derecho, de las emociones, es mucho mayor en las mujeres.
Dicen que el divorcio, que suele afectar más a los hombres, los adentra en el terreno inexplorado de sus emociones.
¿Qué se esconde tras esa máscara de silencio y estoicismo? La vulnerabilidad. Los expertos coinciden en que la mayoría de los hombres son más inseguros de lo que quisieran admitir. Y casi todos temen no ser tan capaces, valientes y varoniles como se espera de ellos
Ahora que los papeles y las reglas de los sexos se han vuelto menos rígidos, algunos hombres se atrevieron a mostrar su lado tierno, pero todavía hay muchos que no saben cuánto deben exteriorizar. Las mujeres le pedimos al hombre de hoy que sea más abierto con sus emociones pero a la vez queremos que sea fuerte para sostenernos. Y los varones no tienen a nadie que les sirva de ejemplo para ser emotivos y fuertes a la vez.
Hola,
Llorar es humano, es una manera de desahogarte no violenta.
Lo que me hace gracia de la famosa frase: "los chicos no lloran" no es que sean fuertes, es que muestran su frustación de otros modos (dando golpes, levantando la voz, etc).
Yo creo que eso también es mostrar un momento débil, en ese momento salta como una alarma que intenta simular fuerza en un momento vulnerable para que nadie se aproveche.
Nosotras somos más sentimentales, pero una vez nos secamos las lágrimas analizamos que nos hace hecho daño y buscamos una solución bien para finalizar el problema o para evitar que vuelva a suceder.
Hola Blanca, qué gusto volver a leerte.!
El llanto en el hombre fue algo censurado tradicionalmente, por suerte es algo que va quedando atrás , una práctica nefasta , que las mujeres hemos puesto en práctica, creo que sin pensar el daño emocional que se le hacía al niño.Por suerte, creo que cada vez es mejor entendido, y las nuevas generaciones no cargan con ese estigma.El poder demostrar sus sentimientos por el llanto, es un derecho y más sano.Así después no tendrán que cargar con las acusaciones, que las mismas mujeres hacían al hombre sobre su "falta de sensibilidad " en algunos aspectos, sin darnos cuenta que la misma educación impartida los había bloqueado emocionalmente.-Hoy los chicos som más libres en ese aspecto.
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Besos
No es fácil decir “estoy ocupado” cuando se trata de un seductor nato, porque hará todo lo posible para seguir conquistando
Los seres humanos apreciamos lo que es raro. Los diamantes valen tanto dinero, precisamente porque son relativamente raros y exclusivos.
No encontramos diamantes a la vuelta de la esquina, es preciso un gran trabajo para obtener, aunque sea, uno pequeño.
Si las cosas nos caen del cielo, probablemente no las valoremos tanto, las descuidemos y lleguen a ser ignoradas y despreciadas.
Aquellos que tienen ese “don” de la seducción fácil, que muchos envidian, tal vez deberían aprender a sentirse “la joya más preciada”, aunque sea por momentos.
Buscar ser ese diamante, porque en las relaciones humanas, nos guste o no, sucede lo mismo.
Si no nos mostramos como algo escaso ante las personas que nos interesan, tal vez nos den por asegurado y no nos valoricen.
¿No sería reconfortante que alguien se sienta afortunado por tenernos a su lado?
Para lograrlo, hay que generar una percepción de escasez, mostrar que somos un recurso limitado y por ello mismo valioso, como los diamantes.
De esta manera, el valor dentro del mercado seductor se incrementará.
Lo abundante es insignificante y poco deseable. Lo escaso es exquisito, exclusivo, valioso e interesante, como sucede en las relaciones amorosas.
Quizás este sea el gran secreto para abandonar, aunque sea por momentos, a ese seductor innato y enamorarse realmente.
A/D
Nota: jiiii , como para que piensen algunos caballeros de la conquista fácil....
Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Es necesario saber de qué depende el nivel de felicidad de las personas. Un estudio realizado por la Universidad de Chile sostiene, en contradicción con nuestras creencias intuitivas más arraigadas sobre la felicidad, que las circunstancias externas (dinero, salud, estado civil, geografía, educación, etc.) se relacionan débilmente con la felicidad y no explican más de un 10% del nivel de felicidad de las personas. Un 50% del nivel de felicidad está determinado genéticamente y, en consecuencia, es hereditario. El 40% restante, porcentaje no menor, está en manos de las propias personas y depende, en gran medida, de la forma en que miran los que les toca vivir.
Y esto último, según afirma la psicología positiva, puede transformarse a través del aprendizaje. Es decir que los sentimientos y emociones que llevan a sentirnos más felices se pueden aprender.
Sucede que nuestros pensamientos suelen estar llenos de distorsiones, lo que hace que no sea tan fácil “aprender” a estar felices. Por ejemplo, alguien que dice “a mí nunca me salen bien las cosas” está pasando por alto todo lo bueno que ha tenido. Nos cuesta ver lo positivo y, generalmente, nos quedamos pegados a lo negativo, lo que genera un cúmulo de emociones muy destructivas que nos hacen sentirnos menos felices.
Lo que más deseamos en la vida es la felicidad, por eso, la gran pregunta es qué hace cada uno para conseguirla. Algunas teorías dicen que la felicidad no es un destino a donde se llega, sino la manera de caminar por la vida.
Muchas veces somos nosotros mismos los que saboteamos nuestros esfuerzos para alcanzarla, ya sea porque nos da miedo ser felices, o porque no sabemos con exactitud qué deseamos, o porque nos acostumbramos a vivir aburridos aunque podamos tener dinero, familia, amor, comodidades, muchos autos, en fin… Nos la pasamos tristes a pesar de estas ventajas que tenemos.
Está claro que no es fácil determinar exactamente con qué cosas tiene que ver la felicidad, porque según explican los psicólogos, tiene que ver con cada persona, con el interior de cada uno. Si nos detenemos a pensar cuánto nos dura el regocijo en las situaciones que nos hacen felices, nos sorprenderemos al descubrir que ni bien obtenemos las cosas que tanto deseamos ya estamos deseando otras; y esta condición no nos permite disfrutar realmente de la vida.
La felicidad está muy condicionada con nuestras perspectivas y también por las comparaciones, por eso a veces se hace tan difícil ser feliz ya que siempre va a existir alguien que tiene más dinero, que es más apuesto o que tiene más éxito, ya que para muchas personas la felicidad pasa por ahí.
Las expectativas de felicidad de un individuo son diferentes y abarcan desde tener una buena posición económica, satisfactorias relaciones sociales, amor, éxito o sensibilidad espiritual, entre otros factores.
Los deseos mundanos son importantes para ser feliz, como la buena salud, poder establecer buenos vínculos afectivos y tener dinero suficiente, pero no todas las personas con todos estos atributos son felices, porque además necesitan tener la capacidad de poder disfrutar de estos bienes.
Lo cierto es que se puede ser feliz aún ante la ausencia de bienes materiales, o en presencia de la enfermedad, por ejemplo.
Pero la felicidad también trae grandes paradojas. Sino analicemos las vidas de mujeres y hombres con mucha fama, con mucho dinero, con mucho poder o que han vivido en la comodidad y el placer. Muchos de ellos tienen un alto grado de infelicidad.
Y otras veces, vemos personas que, viviendo en medio de las tragedias más aterradoras, muestran no solo serenidad sino una capacidad grande de aceptación y de sobreponerse a las adversidades con la mejor cara.
Otra de las paradojas de la vida es que algunas personas son felices, pero no lo notan. Unos porque esperan algo extraordinario y se pierden el encanto de las cosas cotidianas que ya tienen; y otros porque han caído en la trampa de postergar y creen que la felicidad les llegará después.
Su felicidad es condicionada y se dicen: ‘seré feliz cuando me case, o cuando tenga un hijo, o cuando nazca mi nieto’ y así se pasan la vida esperando.
Y nunca faltan los que confunden la felicidad con la ausencia de problemas y fantasean con un mundo irreal.
En fin, la verdad es que se es tan feliz como cada uno elija serlo, porque la felicidad no llega de afuera. La construimos y la disfrutamos como queremos…¡todo un desafío!