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El sistema capitalista se conmueve
Los nubarrones se transformaron en un vendaval y los temblores en las Bolsas en un verdadero tsunami financiero del que no saldrá indemne la economía real.
los mismos presagiaban serias tormentas en la economía mundial capitalista. ¿Por qué se dice eso? Porque la recuperación de la crisis a partir de 2001 se sostenía en gran medida en la política de “dinero barato” de los Estados Unidos para pagar sus crecientes gastos de guerra y sus también crecientes importaciones (compras de bienes del exterior), cubriendo sus crecientes déficits fiscal y comercial externo con emisiones de dólares y bonos del Tesoro. Era una economía que consumía mucho más que lo que producía, a cambio de un creciente endeudamiento de los particulares y del Estado, que se facilitó con una tasa de interés irrisoriamente baja del 1% anual durante casi cuatro años.
Este “dinero barato” se canalizó hacia el consumo suntuario (Bush redujo simultáneamente los impuestos a los ricos), a la compra de acciones en la Bolsa y, en particular, a la especulación inmobiliaria, con un crecimiento espectacular del endeudamiento hipotecario, con hipotecas sobre hipotecas, sobre las nuevas y también las viejas propiedades. En este “negocio” de comprar y vender hipotecas, y de fondos “garantizados” por esas hipotecas, entraron no sólo los llamados fondos de inversión, sino también los bancos tradicionales, incluso muchos “respetables” de Europa, como acaba de verse con el principal de Francia, Paribas, y de Alemania, Deustche Bank. Todo esto llevó al formidable desarrollo de una burbuja inmobiliaria, con precios crecientes que se potenciaban con las crecientes hipotecas, lo que también se traducía en una presión al alza de todos los valores cotizados en las Bolsas.
Pero la creciente pérdida de valor del dólar en los mercados internacionales y las presiones inflacionarias internas, obligaron a la Reserva Federal de Estados Unidos a subir las tasas de interés, que en un corto período, de 2005 a mediados de 2006, pasaron del 1% al 5,25%. Lo que marcó el fin del período de “dinero barato”. Esto fue, en lo inmediato, lo que provocó la remezón de las Bolsas de todo el mundo en mayo de 2006 y el inicio del “desinfle” de la burbuja inmobiliaria yanqui, al subir las tasas de interés que no eran fijas y hacerse impagables las deudas hipotecarias.
Comienza la retracción de los pagos
El estancamiento del mercado inmobiliario –explicaban entonces los analistas de inversión– “se debía a que muchos compradores del 2004/2005, habían adquirido sus casas a precios muy altos y no podían siquiera recuperar el dinero de la compra de la vivienda y saldar sus créditos”. Pero los problemas más graves se proyectaban más silenciosamente para quienes venían con hipotecas de riesgo, bajos ingresos y dificultades de pago. Según la Asociación de Bancos Hipotecarios de Estados Unidos, a mediados del año 2006, existían cerca de seis millones de préstamos de ese tipo.
La morosidad en los pagos de los créditos para la adquisición de viviendas en los Estados Unidos, en el último trimestre de 2006 alcanzó sus máximos históricos y New Century, la segunda mayor empresa de préstamos hipotecarios de alto riesgo, cayó en la bancarrota. Esta situación rápidamente afectó otra empresa, la Accredited Home Lenders Holding, provocando la huida en masa del capital de las colocaciones de renta variable inmobiliaria y bancaria, por lo que se comenzó a temer una extensión de la crisis al conjunto del apalancamiento bancario. Apalancamiento llaman al uso de hipotecas como garantía de créditos de los bancos.
Los sacudones no detienen la carrera especulativa
Esta situación hizo sacudir nuevamente a las Bolsas mundiales hacia fines de 2006, aunque luego de semanas, las Bolsas volvieron a recuperar posiciones y a avanzar obteniendo records nominales en la cotización del promedio de las acciones, lo que contribuyó a acallar los comentarios críticos sobre el porvenir de las hipotecas y de las ventas de viviendas.
El colapso de la Bolsa de Shangai del 27 de febrero de 2007, en China, que se propagó también a todas las Bolsas del mundo, fue una nueva alerta de la sobrevalorización de las acciones en todos los mercados. Pero a las pocas semanas, tanto en las Bolsas chinas, como las europeas y las norteamericanas, se retomaba la carrera especulativa, reavivando el temor del ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan sobre lo que él juzgaba como de alta peligrosidad: que las grandes empresas trataran de alcanzar las tasas de ganancias de 1997, apoyándose casi exclusivamente en la especulación bursátil.
El derrumbe del apalancamiento bancario de los préstamos sobre las hipotecas inmobiliarias de los Estados Unidos, comenzó a preanunciarse desde abril/mayo de 2007. A esta situación no se llegó, como algunos suponían, por el efecto exclusivo de la retracción de los pagos que venía desde el 2006, sino porque comenzó a empalmar con una situación que tenía peso decisivo sobre el conjunto de los indicadores del mercado de capitales de Wall Street: la caída de las ventas de viviendas nuevas. A esa altura, ese dato detonó un “no va más” para la burbuja inmobiliaria norteamericana. Esa situación comenzó a ensombrecer el panorama sobre el resto de las burbujas de sobreproducción de viviendas de las grandes metrópolis capitalistas y de las más importantes ciudades de buena parte de los países dependientes, en las que ya habían comenzado a notarse síntomas de desaceleración de las ventas en 2006. En pocas semanas puede llegar a aparecer una fuerte parálisis de operaciones en esos mercados.
El colapso del crédito hipotecario norteamericano ya ha tenido y tendrá un fuerte impacto sobre los bancos de Europa, Japón y otros países. La inyección de fondos para contener la emergencia por parte de los Bancos Centrales del G7, alimenta a mediano plazo la crisis financiera, que en última instancia se asienta, por un lado, en una masa de capital financiero que necesita refugio y que supera entre 10 y 15 veces el conjunto del PBI mundial, y por el otro, en la expansión de la producción impulsada principalmente por China.
Un final abierto
Algunos analistas esperan la recuperación en algunos meses, otros manifiestan su gran incertidumbre frente a este monstruo de múltiples cabezas que recorre el sistema capitalista mundial y recién comienza a mostrarse a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria norteamericana y a la secuela de los brutales saldos de los derrumbes bursátiles que viene produciendo. Todo esto apunta, al menos, a una reducción de las tasas de crecimiento en Estados Unidos y Europa, lo que impactará en los países que colocan allí una parte importante de su producción, en particular China y Japón dentro de los países imperialistas, con el consiguiente mayor perjuicio para todos los países dependientes.
Aunque todavía hay quienes cifran esperanzas en la locomotora China, también va quedando en claro que está llegando a su fin la fase de recuperación del ciclo iniciada en 2002 –en la cual China le permitió zafar a Estados Unidos y al capitalismo mundial de una recesión más profunda e incluso huir hacia delante en pos de una nueva ola de exuberancia bursátil y financiera–. Ese final lo demuestra la aparición abrupta de las restricciones a la importación de la producción exportable de China. Esas cuotas de producción exportable que hoy son rechazadas por Estados Unidos y que dificultosamente China intenta colocar en el resto del mundo (como se observa con las medidas defensivas que adoptan distintos gobiernos, incluso el de Kirchner) puede precipitar el estallido de una crisis de sobreproducción en ese país que se extienda al mundo en proporción directa a la caída que se produzca en el nivel de sus importaciones y a la caída de los beneficios y la desvalorización de las inversiones de las empresas extranjeras allí instaladas.
Ahora bien, más allá de lo que ocurra con la economía China en su conjunto –que puede ser detonada por el cáncer que corroe su sistema bancario y financiero–, la sola irrupción de la iliquidez de China en estos días, ya ha comenzado a trastornar y vaciar el mercado de capitales asiático. Esta situación podría desembocar –y desde hace casi dos años China solapadamente amenaza con hacerlo si se ve acorralada–, en la liquidación de los bonos del Tesoro yanqui que acumula, con el consiguiente descalabro de todo el comercio internacional.
¿Qué pasará con las materias primas?
“La mayor caída de los precios de las materias primas en más de 50 años tendrá ‘corta vida’, ya que el crecimiento económico global aliviará cualquier baja en la demanda de los Estados Unidos, según Goldman Sachs” (Clarín, 19/8/07).
Estos “consejeros financieros” que nunca se hacen cargo de no haber avisado sobre las malas, tratan de insuflar un nuevo optimismo sobre la caída que verificaron la semana pasada los precios de la energía, los metales y la agricultura. Hablan como si se tratara sólo de un problema de Estados Unidos. Como si un parate económico en ese país no fuera a afectar a todo el mundo, cuando “hasta hoy, buena parte del crecimiento global se debe al consumo de los estadounidenses”, como también dice Clarín.
NUEVO TEMBLOR FINANCIERO MUNDIAL
Los mercados financieros de todo el mundo se vieron nuevamente sacudidos el jueves y el viernes pasado, poniendo en crisis a todo el sistema crediticio en que se sustentan las economías capitalistas.
El nuevo desplome en los mercados se activó el jueves 9 de agosto, cuando se conoció la decisión del banco francés Paribas de congelar hasta nueva orden los retiros de tres fondos de inversión, a causa de la fuerte crisis de los créditos inmobiliarios de riesgo (subprime) en Estados Unidos. Y se agravó luego de que la aseguradora estadounidense AIG alertara acerca de que aumenta la morosidad en el pago del resto de las hipotecas, a las que hasta ahora se consideraba al margen de la crisis. También decidieron congelar sus fondos tres bancos alemanes (Union Investment, Frankfurt Trust y WestLB) y dos organismos de inversiones franceses (el banco privado Oddo y la empresa de seguros Axa).
La ola de ventas que activó esta información, obligó a los bancos centrales de las principales potencias capitalistas a inyectar miles de millones de dólares en el sistema crediticio (bancos y fondos de inversión), para evitar que la falta de dinero en efectivo acelerara aún más las liquidaciones de los valores respaldados en hipotecas.
La dimensión de la crisis queda a la vista en un dato: los bancos centrales de Europa, Estados Unidos, Japón y Canadá, debieron inyectar la friolera de 323.300 millones de dólares en los mercados en apenas 48 horas.
El grueso de la asistencia corrió por cuenta del Banco Central Europeo, que a los 94.800 millones de euros volcados el jueves (una cifra que terminó de convencer a los operadores sobre la magnitud que podría tener la crisis), debió agregar el viernes otros 61.010 millones; con lo que giró a bancos y fondos el equivalente a 214.500 millones de dólares en sólo dos días. El monto de la asistencia terminó superando holgadamente a la realizada por esa entidad tras la caída de las Torres Gemelas, cuando entre los días 12 y 13 de septiembre de 2001 “asistió” a los bancos con 109.000 millones.
A la acción de rescate debió sumarse con mayor presencia la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed, según sus siglas en inglés). La entidad, que en la jornada del jueves había liberado unos 24.000 millones de dólares, no sólo redobló la apuesta el viernes al volcar un total de 38.000 millones (una suma equivalente al 90% de las reservas argentinas), sino que emitió una declaración comprometiéndose a entregar “suficientes fondos para prevenir sobresaltos”, en un intento por calmar a los mercados.
En su desesperado intento por tomar posiciones en activos que los pusieran a cubierto de los riesgos, un número creciente de grandes inversores volvió a comprar bonos del Tesoro de Estados Unidos, haciendo caso omiso a la amenaza de liquidación lanzada por el gobierno de China (que tiene bonos por 900.000 millones de dólares) en el marco de la disputa comercial que mantiene con la administración de George W. Bush.
Lo cierto es que esta vez las bolsas de China fueron una excepción a la debacle generalizada, cuando en febrero habían sido las que iniciaron los primeros sacudimientos de este año. No se han conocido las medidas tomadas al respecto por su gobierno, aunque podría estar aprovechando la activa demanda de títulos yanquis para vender parte de ellos, inyectando así más fondos en su mercado financiero para sostener la burbuja especulativa que allí se continúa observando. Por otro lado, todavía no se sabe en cuánto podría estar comprometido el Banco de China en valores garantizados por hipotecas, ya que un informe reciente de AFP señaló que el mismo había invertido varios miles de millones de dólares estadounidenses y que las pérdidas sumarían varios millones de dólares, citando a Zhu Min, vicegobernador del banco.
El trasfondo oculto
Como sucede con las crisis del capitalismo en esta época del imperialismo –y lo vivimos en la crisis del ciclo anterior iniciada en el Sudeste Asiático en 1997– los países dependientes son los más perjudicados dentro del sistema, pues los países imperialistas descargan principalmente sobre ellos las consecuencias de sus crisis.
En cuanto a las potencias imperialistas, en el ciclo actual iniciado a fines de 2001, China aparece como la de mayor crecimiento, pero a la vez la más vulnerable. Esto se debe no meramente porque sea capitalista y en el capitalismo las crisis son inevitables, sino por todos los síntomas de “aceleración” que viene mostrando y que por ahora no logra atemperar. Si bien el peso del sector estatal en la economía capitalista china permite un mayor manejo por su gobierno que en otros países, esto tiene como contrapartida la elevada corrupción de ese capitalismo monopolista de Estado.
Pero aún si China lograra “manejar” de alguna manera la burbuja financiera, subsisten los elementos que incuban una crisis económica de mayores proporciones que la de 1997-2001 (de la que precisamente el espectacular crecimiento chino ayudó a salir), ya que no hay un mundo que pueda seguir comprando al ritmo que viene aumentando la producción de ese país, siempre dentro del capitalismo, se entiende.
Aún cuando los Estados Unidos lograran una “suave desaceleración” en su economía, como dicen sus apologistas, haciendo que el resto del mundo siga pagando sus desequilibrios absorbiendo como “reservas” a su desvalorizada moneda, ello no dejará de afectar al resto de la economía mundial, y particularmente a la economía china, dada la importancia de la economía norteamericana como demandante de productos de ese origen y que lo fundamental del crecimiento chino está orientado hacia las exportaciones: casi un 70% de su producción total es para vender afuera, según sus propias fuentes. Los principales perjudicados volverán a ser los proletarios y los pueblos y naciones oprimidas, como la nuestra.
“Una situación económica potencialmente EXPLOSIVA”
Los temblores en las Bolsas de todo el mundo que se vienen sucediendo desde mayo de 2006 están vinculados, en lo inmediato a las subas de las tasas de interés, que marcan el fin del período de “dinero barato” con que la economía mundial capitalista salió del fondo de la crisis que se prolongó desde 1997 a 2001. Ese “dinero barato” tuvo su origen principalmente en la política keynesiana del gobierno de Bush (de guerra y de bajas tasas de interés, con simultánea reducción de impuestos a los ricos, para estimular el consumo de las clases parasitarias).
Dicha política yanqui se ha venido sustentando en una creciente emisión de dólares para cubrir el déficit fiscal que genera. Esos dólares inflaron los mercados de valores (las bolsas) e inmobiliario, que comenzaron a temblequear con las subas de la tasa de interés que encarecieron los créditos y préstamos, hasta llegar a la hoy llamada crisis hipotecaria.
La política de “dinero barato” también acrecentó las compras de bienes del exterior (mayor déficit comercial). Tanto para pagar las mayores importaciones o colocarse en distintas operaciones en el exterior, gran parte de esos dólares salieron al mundo.
Todo esto hizo que aumentaran extraordinariamente las tenencias de dólares y bonos del Tesoro norteamericano (como reservas) en los países que más venden a Estados Unidos (en particular China y Japón, pero también Inglaterra, Alemania y Rusia).
Además, cuantiosos fondos privados volcaron hacia China e India y la mayoría de los “países en desarrollo”, para hacer más ganancias por los salarios más bajos o en operaciones especulativas con las materias primas (vegetales y minerales) y “papeles” (acciones, bonos, divisas) con expectativas de apreciación.
“La sobrevaluación del dólar, que opera como moneda patrón en todo el mundo, ha creado una situación económica potencialmente explosiva”, señaló el Informe del CC del PCR de la Argentina del 20 y 21 de mayo de 2006.
Dios salve a PERV |